Te lo enviamos a Estados Unidos
Garantía de devoluciónCategoría
Técnica
Soporte
Temática
Medidas
En Artelista desde
Descripción
Pintura
Acrílico
Papel
Paisaje
35 x 25 cm
23 de Septiembre de 2009
OBRA SELECCIONADA EN LA EXPOSIÓN Y EL AMOR COMO Y PUBLICADA EN LIBRO DEL MISMO NOMBRE Y EN EL LIBRO AMOR A LA COLOMBIANA DE VILLEGAS EDITORES 2009.
A propósito de la exposición ?El amor, cómo va?,
Galería Santa Fe, Planetario Distrital Bogotá
Diciembre 19 de 2008 a febrero 8 de 2009
Mara Viveros Vigoya
Antes de inaugurar este ciclo de Conferencias que acompaña la exposición de artes plásticas ¿El amor, cómo va?, quisiera recordar de forma breve que esta convocatoria tuvo su origen en el deseo de dos investigadoras de las ciencias sociales, una francesa y otra colombiana, Pascale Molinier, y yo, de suscitar un diálogo entre la exposición que se hizo sobre el tema en la casa de la Villette, en Paris, del 5 de abril al 13 de agosto de 2006 y las respuestas que surgieran en Colombia en torno a una convocatoria de artes plásticas sobre el mismo tema. Tanto para Pascale como para mí gran parte del atractivo que tuvo esta exposición fue que permitió cuestionar la idea del amor como una obviedad, y como un núcleo duro de la vida privada, existente por fuera de las condiciones sociales y políticas. En la exposición francesa, por el contrario, se resaltó la incidencia del contexto histórico y social en las formas de expresión de estas emociones y relaciones que calificamos de amorosas.
Hoy más que nunca, en Francia como en Colombia el sentimiento amoroso enfrenta las amenazas y desafíos de acontecimientos sociales tan perturbadores, como pueden ser las precarias condiciones en que se realiza el trabajo y las crisis del sentido que los seres humanos pueden dar a sus relaciones recíprocas, tanto en el campo individual (la pareja y la familia) como en el campo colectivo e institucional. Por otra parte, las realidades localizadas y simbolizadas de antaño se han desdibujado por lo que Marc Augé llama una situación de sobremodernidad, caracterizada por la aceleración de la historia, el encogimiento del espacio, las innovaciones tecnológicas y la experiencia de la individualización de los destinos. Este nuevo contexto ha afectado la intimidad conyugal y familiar, las relaciones de sociabilidad pero también ha propiciado resistencias y nuevas formas de encuentros amorosos, como producto de las luchas de movimientos sociales como el feminismo y el de la comunidad de lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas, pero también de las nuevas tecnologías de información como Internet.
En resumen, a través de la pregunta sobre cómo va el amor y de las respuestas brindadas desde las artes plásticas hemos querido documentar los cambios, los movimientos, las recomposiciones que se han dado en las maneras de vivir el sentimiento amoroso y la energía del deseo que funda nuestra voluntad de vivir juntos. Pero también, hemos querido dejar abierta la pregunta sobre la pertinencia del amor, como un sentimiento que tiene potencialidades para romper el cerco del individualismo negativo y mortífero que nos rodea y del ?sálvese quien pueda ? y como un deseo que busca expresarse en un proyecto colectivo.
En esta oportunidad voy a hablar del amor, a partir de dos obras expuestas en la Galería Santa Fe, una francesa y una colombiana, que ponen en relación las dimensiones de lo íntimo y de lo social que están presentes en el amor?..
??.La segunda obra que escogí comentar es la de Jorge Alonso Zapata. Cambiamos de coordenadas espaciales y temporales. Ya no hablamos de la provincia francesa ni de un entorno rural, sino del ámbito urbano colombiano, y más precisamente de la vida cotidiana en Medellín, vista por un artista un poco menos joven que Lucie Balme. Jorge Alonso Zapata, nacido en San Vicente (Antioquia), es un pintor casi autodidacta, con una corta formación en diseño gráfico. Ha expuesto en numerosos espacios artísticos y ha ganado numerosas menciones y premios en distintos concursos, podríamos decir que es un artista que empieza a disfrutar de un merecido reconocimiento.
Para Jorge Alonso Zapata, como para Lucie Balme, es importante aproximarse a sus interlocutores sin a prioris. Ellas y ellos hacen parte de una realidad social que en Colombia ha sido o bien invisibilizada o muy poco representada en la pintura. Esta realidad social es la de la lucha diaria de mujeres y hombres por la supervivencia en la ciudad, en medio de la indiferencia, la corrupción, la inequidad y la falta de tolerancia. Algunos de los elementos que llaman la atención en su trabajo pictórico son su heterodoxia formal, la mixtura de lenguajes provenientes de las llamadas alta cultura y cultura popular, la audacia de la paleta cromática empleada. Otra de las particularidades de su obra es la sencillez del trazo, el carácter ingenuo de su pintura que retomando algunos elementos del arte popular y espontáneo practicado a partir de finales del siglo 19 por los pintores autodidactas le permite aproximarse a realidades sociales difíciles sin prejuicios, con una mirada simultáneamente lúdica y lúcida. Por último, no dejan de sorprender los burgueses marcos dorados escogidos para algunas de sus obras, subrayando las disonancias entre éstos y los temas expuestos.
La selección de los trabajos que envió, respondiendo a nuestra convocatoria, le permitió exponer las diversas expresiones de amor de esos seres "invisibilizados" por la sociedad. Su obra constituye, según él mismo lo manifiesta, una invitación a mirar juntos al otro y a la otra y a imaginar la vida de esos seres con quienes tropezamos a diario y que sin embargo permanecen invisibles para gran parte de la sociedad. Su trabajo, como el de Lucie Balme alude al mismo tiempo a la realidad objetiva y a la fantasía. No es fotografía, sino crónica pictórica, como podríamos llamarla, subrayando que sus pinturas dan cuenta del devenir real cotidiano de las mujeres y hombres que representa. Los detalles que abundan en sus pinturas alían la veracidad a la ficción, las escenas descritas son muy cercanas a la realidad sin ser realistas y como el autor lo comenta, algunas de las personas representadas, al reconocerse en sus cuadros, encuentran parte del sentido de lo que se cuenta de sus vidas.
Voy a detenerme en particular en dos de sus cuadros, ?Las cartas que te envié? y ?Maja desnudo?, por las evocaciones que ambos me sugieren.
Las cartas que te envié describe la siguiente escena: En un cuarto en el que hay una silla con un morral y un libro, una mujer joven, de piel clara y ojos claros, recostada de medio lado sobre una cama y con la mirada ausente sostiene una carta en su mano. Podríamos construir a partir de los pormenores de la pintura un relato sobre el mundo privado de esta joven que yace ensoñadora sobre una cama infantil en la que reina un oso de peluche de color azul. La joven está ataviada con una indumentaria de estudiante de secundaria de una ciudad de clima caliente, una falda de cuadros y una camisa blanca de manga corta, ambas entreabiertas, de manera un tanto descuidada, acentuando el carácter íntimo de la escena, en que la joven se entrega a la ensoñación. La falda, permite ver la diminuta ropa interior y las curvas del cuerpo joven. El brazo que sostiene la carta tiene anudada una manilla en la muñeca con los colores de la bandera nacional, como se puso de moda en el último tiempo de rebrote de sentimiento nacionalista y una foto del rostro de un hombre joven uniformado. Sobre la cama también hay un sobre con una gran estampilla, un librito azul que puede ser un texto escolar o su diario íntimo y un bolígrafo pequeño y voluminoso.
La carta y la foto convocan la presencia del ausente, probablemente un joven soldado que presta su servicio militar en una zona de conflicto y el título de la obra sugiere que éste no ha respondido. La joven expresa, portando su manilla tricolor, su adhesión a la causa patriótica de su enamorado y la ausencia de respuesta, la mirada perdida en el horizonte de los recuerdos hablan de la omnipresencia soterrada de la violencia en un país que la niega. La profusión de detalles del cuadro no sólo le da un aire realista sino que genera en la espectadora o espectador una cierta connivencia con el universo de esta joven que se vuelve de alguna manera, familiar. Pese a que los pormenores decorativos remiten a una escena muy localizada el cuadro nos interpela porque hace referencia a algo ya conocido, las ensoñaciones amorosas de las mujeres adolescentes que como la del cuadro duermen sobre lechos infantiles pero exhiben al mismo tiempo unas uñas largas y unos labios carnosos de mujer, pintados de rosa. Sus cuerpos se abandonan sobre sus camas, refugios privilegiados de sus intimidades y soledades, y sus almohadas se convierten en depositarias de sus secretos y anhelos amorosos, tanto de los más confusos como de los más apasionados. Un cuadro como ?Las cartas que te envié? logra captar el carácter absolutamente situado y al mismo tiempo intemporal de estos sentimientos y emociones.
El segundo cuadro de Jorge Alonso Zapata se llama ?Maja desnudo?. Conozco por su autor algunas anécdotas relacionadas con la concepción del cuadro y con su recepción. De cierto modo, el tema del cuadro no fue escogido por Jorge Alonso Zapata, le fue impuesto. ¿Quién se lo asignó? Un joven habitante de un sector de la ciudad de Medellín, llamado Barbacoas que lo abordó para venderle una tela con bastidores, suponiendo la utilidad que podía tener para él. Sobre la tela que finalmente compró, más como signo de simpatía por el vendedor que por necesidad, había un esbozo, el de la Maja desnuda de Francisco Goya y fue este esbozo y su experiencia con el inframundo de este sector de la ciudad los que lo condujeron a pintar esta escena. Este cuadro encontró numerosas dificultades para ser exhibido inicialmente, incluso al interior de una taberna gay, de la cual le pidieron que descolgara el cuadro por las reacciones adversas que generaba en parte de la clientela, pero logró mostrarlo en la Bienal de artes plásticas Comfenalco 2007 en la la cual fue seleccionado.
¿Qué puede ser lo que molesta tanto en el cuadro Maja desnudo?
Maja desnudo describe una escena de alcoba entre dos personas que descansan después de un encuentro erótico. Una de ellas yace plácida sobre la cama mientras la otra está sentada al borde, leyendo el periódico y fumando, lista para levantarse, vestirse e irse. Cada una de ellas adopta los gestos y los comportamientos que se codifican como masculinos y femeninos. Lo perturbador en este caso es que el cuerpo que yace sobre la cama doble y se ofrece a nuestra mirada pone en evidencia los límites de nuestro sistema de sexo género binario, ¿es un hombre o es una mujer? ¿Cómo ubicarse en esta cartografía corporal en que se enmarañan las fronteras, en que coexisten el pene, significante privilegiado de la masculinidad con los senos redondos, uno orientado hacia arriba y otro hacia abajo, las manos gruesas y deformes con las uñas pintadas, la total ausencia de pilosidad y el rostro maquillado? Esta yuxtaposición acentúa el carácter fantasmático que tiene todo cuerpo, que más allá de su materialidad es un surtidor de las más variadas evocaciones.
Pero la amalgama de signos de género o la confusión de géneros no sólo está presente en la anatomía de Maja sino difusa en todos los detalles del cuadro, construyendo y deconstruyendo constantemente el sistema clasificatorio del espectador o la espectadora. En la cama doble hay dos cuerpos, uno completamente desnudo que se ofrece de manera provocadora a la mirada del espectador y posa reclinado de manera muy femenina. Del otro cuerpo, al otro extremo de la cama, se ve un torso macizo, de espalda. Suponemos masculino este cuerpo por la manera en que es puesto en escena pero nunca se sabe qué sorpresas nos pueda deparar después de la extrañeza suscitada por la perturbadora fisiología de Maja. Sobre la cama hay un cenicero con dos colillas de cigarrillo al lado de la tapa de un esmalte para uñas. En la revista entreabierta debajo de la mano de Maja aparece no sólo la foto de una mujer, la propaganda de un personaje político que invita a votar por él y la imagen de un auto deportivo sino un detalle aún más importante, un billete que hace alusión al pago de un servicio sexual. La escena sucede en una atmósfera muy urbana y al mismo tiempo muy provinciana, al interior de una habitación de hotel en que se mezclan en la mesa de noche el zapato de tacón alto de un hombre travesti con las imágenes televisivas de un sacerdote oficiando una misa?
Maja desnudo construye un relato que visibiliza y vuelve aceptable la posición subjetiva de unos hombres que no han figurado en nuestra historia patria. Tal vez por eso molesta y perturba tanto. Porque altera la coherencia que se supone habitual entre el sexo y el género y porque somete a examen una cultura heterosexual que producimos y reproducimos continuamente sin tener conciencia de hacerlo. La heterosexualidad como norma ha sido el punto ciego de las visiones y representaciones más extendidas sobre la sexualidad y el imaginario de la pareja heterosexual ha sido el implícito menos cuestionado de los cuentos infantiles y las novelas de adultos, del cine, la televisión y las canciones populares. Sacar del orden natural la cultura heterosexual y representar otros modelos de encuentro sexual es un riesgo que bien vale la pena correr en materia artística y social.
En esta exposición el amor es un tema que ha sido sometido a examen y se ha vuelto ilimitable, conduciendo a muchos otros terrenos, el de la familia, el trabajo y el de las nuevas tecnologías de comunicación, entre otros. No ha sido concebido como un asunto intemporal y deslocalizado sino, por el contrario, intensamente histórico y geopolítico. Las reflexiones que he presentado sobre dos de las obras exhibidas en esta exposición, como un corte transversal, pretenden mostrar el amor como una materia viva de múltiples tejidos y de estratos con frecuencia indivisibles, íntimos pero sociales. ?Todos tenemos nuestro corazoncito?, me señala Jorge Alonso Zapata hablando de los personajes que él describe y me quedo pensando que hacer respetar esta sencilla afirmación requiere que se admitan las aportaciones de cada historia particular a un sentimiento que más que universal es pluriversal, es decir, universalmente concreto y por lo tanto capaz de incluir en un solo mundo todos los mundos posibles.
Quiero terminar este comentario citando unas palabras que describen con sencillez y pertinencia esas impresiones y esos deseos contradictorios de cercana familiaridad y extrañeza que suscita el encuentro íntimo con un otro o una otra. La persona habla así de su compañera: A veces cuando estamos acostados, la miro y me siento embargado de vértigo al darme cuenta de que aquí está extendida una persona distinta de mí, que posee recuerdos, orígenes y pensamientos diferentes de los míos. Esta tensión entre familiaridad y misterio es lo que teje algo muy sólido entre nosotros. Aunque usted construya una vida basada en la confianza, las atenciones y la ayuda mutua, creo que es importante que el otro continúe asombrándonos y sorprendiéndonos?. El autor de estas palabras es Barak Obama, hablando de su esposa en una entrevista realizada en 1996 por una fotógrafa, para un libro sobre las parejas en América. El editor no se interesó en la propuesta y la entrevista nunca se publicar. Recientemente el periódico Le Monde la divulgó y quise leerla hoy con la temeridad de quien se atreve a esperar cambios positivos en el mundo con la llegada de un hombre sensible a la otredad, al poder.
© Todos los derechos reservados
Visitas de la obra
Última Visita desde
Se vió el día
350
Estados Unidos
25 de Mayo de 2012