Si en Brasil en todas las calles los niños juegan fútbol, en Cuba todos los niños juegan béisbol. La idiosincrasia cubana no concibe un hijo de esta tierra alejado del béisbol.
Es por eso que cada tarde después de las clases docentes muchos niños se reúnen en cuanto espacio público o privado se les antoja. Pero no solamente ellos solos lo hacen, sino también llegan acompañados de sus padres, un abuelito, tío u otro miembro o amigo de la familia que los entrenan a conciencia para alimentar sus sueños de integrar equipos de primer nivel y convertirse en una de esas estrellas a las que hoy admiran.
Cuba donde el beisbol es más que un simple deporte, es un elemento fundamental que se combina con las escenas de la vida cotidiana. El único modo para descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más que los demás hacia lo imposible.