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El pulido de la plancha de zinc >

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Técnica
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Descripción

Grabados
Aguafuerte

Es, sin discusión posible, el paso más importante. El pulido de la plancha lo es todo cuando de grabar hablamos. Cualquier libro técnico que caiga en vuestro poder os hablará de todos los materiales que podéis utilizar para ese menester: Productos abrasivos, decapantes, desengrasantes, abrillantadores. -¿Realmente para que sirve todo eso?. Es imposible no hacerse la pregunta. Algunos procesos se repiten con tanta frecuencia que acaban por convertirse en algo absolutamente práctico; en realidad no lo es. Me explico: Si de pulir una plancha de metal se trata, ¿qué otro material puede resultar más práctico que el papel de lija?. Pule, abrillanta, limpia la superficie de cualquier impureza, anula imperfecciones así como los restos de cualquier materia grasa, y todo eso sin problema. El mismo polvo que se levanta con la fricción del papel abrasivo es un producto que ayuda a extraer la menor impureza. Teniendo en cuenta que eso es lo que hace, ¿para qué utilizar otros materiales absolutamente innecesarios?. El solo uso del alcohol de quemar sobre el metal, por lo que he podido comprobar, tiene la propiedad de ralentizar las primeras mordidas durante varios segundos, y eso, cuando de confeccionar una aguatinta a la resina se trata es bastante tiempo, suficiente para llevarse una desagradable sorpresa cuando se pretende conseguir detalle precisos. Por otro lado, si la limpieza no es la adecuada, la resina no se fijará igual sobre un metal previamente desengrasado con ese mismo alcohol. Lo que de verdad nos ha de preocupar es no tocar la superficie del zinc o del cobre con los dedos. Para ello colocamos encima un periódico que lleve un tiempo en el taller, para que la tinta usada en la imprenta esté ya bien seca y no manche. Lo anteponemos entre nuestra mano y el metal dejando parte de la superficie del zinc libre. Con una lija al agua, en seco, número 800, procedemos a pulir, siempre en la misma dirección, nunca a lo loco. Posteriormente giramos la plancha sin tocar el metal, empujándola con un trozo de papel por cualquiera de sus extremos. Exponemos la zona que vamos a pulir, tapamos en resto con periódico y seguimos trabajando. Tras repetir este proceso cuatro o cinco veces recurro a una lija más fina, por ejemplo la número 1000 o 1200 de restauración y efectúo la misma operación hasta que el metal nos procura el brillo apetecido. Remato con estropajo de aluminio, el más fino de todos, el que venden en tiendas especializadas en material de restauración. Con ese aluminio froto bien la superficie del metal, siempre en la misma dirección, procurando cambiar varias veces el sentido de la plancha, en horizontal, vertical y diagonal. Finalmente me limito a frotar el zinc con papel de seda, al objeto de anular por completo cualquier resto de polvo. En ese instante, si vamos a depositar encima una resina, todo lo que tenemos que hacer es dejar la matriz sobre un cartón algo más grande que la plancha, pudiendo de ese modo llevarla de un lado para otro o depositar la misma en la caja de resinar, todo ello sin tocar el metal para nada. Ese es el objetivo, no tocar ni depositar ningún producto sobre el zinc, la lija basta por si sola para obtener un resultado inmejorable. Otra cosa, naturalmente, es que esa plancha haya sido atacada previamente por el ácido, ya sea al aguafuerte o a la aguatinta. En ese caso me limito a limpiar cuidadosamente la superficie depositando sobre ella aguarrás y alcohol en partes iguales. Con un pincel repaso las incisiones y tras la correspondiente limpieza tomo un paño bien limpio, vierto alcohol de quemar en abundancia encima y tras extenderlo sobre el metal lo anulo por fricción. En ningún momento he utilizado otros materiales, no los he necesitado para nada.
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Estados Unidos
31 de Mayo de 2012

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