La muerte es el final esperado de toda vida, pero en ocasiones adquiere connotaciones especialmente trágicas por prematura, cruel e incomprensiblemente injusta o desequilibrada. La maternidad está en el origen de la vida humana y es una experiencia inenarrable. Más inenarrable es el estallido del alma de una madre asistiendo impotente a la muerte de sus hijos. Millones de partículas surgidas del explosionar del sufrimiento materno se mezclan con los átomos del alma filial que escapan del cuerpo sin vida yacente.