¿La cara es el espejo del alma? La mayor parte del refranero popular se usa cotidianamente sin reflexionar sobre el contenido concreto del mismo. Si la cara fuera el espejo del alma, esta se vería al revés. El rostro, en todo caso, sería una ventana al alma que, a menudo, tiene bajada la persiana. Entonces, ¿no es posible penetrar en el espíritu de una persona sin verle el rostro? En la serie de obras tituladas Velo de Timantes, la artista Noelia Gómez Pellejero juega con esa noción: la ocultación del rostro para que aflore el (auténtico) alma.

Velo de Timantes 3, Noelia Gómez
Velo de Timantes 3, Noelia Gómez

La mujer de Velo de Timantes I está vestida de calle. Es una mujer aparentemente joven que viste a la moda con botas y chaqueta de piel roja, a juego, con una bonita falda a cuadros. Tampoco falta a la peluquería. Su melena cuidada aparece, no obstante, alborotada debido a la tensión de su figura. La mujer está hecha un ovillo, agarrándose los tobillos con las manos. El espectador no ve ni un milímetro del rostro de la mujer pero no lo necesita para certificar que algo sucede, algo no del todo bueno. Veinticinco siglos más tarde, el recurso artístico de Timantes sigue funcionando.

Velo de Timantes 1, Noelia Gómez
Velo de Timantes 1, Noelia Gómez

Timantes de Sición fue un pintor de la Grecia Clásica que conocimos a través de las narraciones de Plinio el Viejo. Una de sus pinturas narraba el sacrificio de Ifigenia. El descubrimiento en Pompeya de un fresco sobre el mismo tema que correspondía con la descripción de Plinio sirvió a los historiadores del arte para imaginar cómo habría sido la obra original de Timantes.

En ella, Agamenón se cubre con un velo y se tapa la cara con la mano. No quiere ni mirar: está a punto de consumarse el sacrificio de su hija Ifigenia a la diosa Artemisa que él mismo ha ordenado.  Era el precio que había que pagar para continuar su ruta hacia Troya.

Velo de Timantes 4, Noelia Gómez
Velo de Timantes 4, Noelia Gómez

º“No es Menelao quien me tiene esclavizado, hija, ni he accedido a los deseos de éste, sino la Hélade, a la que debo, tanto si quiero como si no quiero, sacrificarte. Es algo más fuerte que nosotros. Porque Grecia ha de quedar libre, hija, si eso depende de ti y de mí, y los hogares de los griegos no deben ser saqueados violentamente por los bárbaros”.

Gato II, Noelia Gomez
Gato II, Noelia Gomez

En Ifigenia en Áulide de Eurípides, una de las diferentes versiones de la tragedia mítica, Agamenón se excusa así ante su hija que, a pesar de sus súplicas —“¡No me destruyas tan joven! Es dulce ver la luz. (…) Fui la primera en llamarte padre y la primera a quien llamaste hija”— termina sacrificándose por Grecia: “Entrego mi cuerpo a Grecia. Sacrificadme, arrasad Troya. Ese será, pues, mi monumento funerario por largo tiempo, y eso valdrá por mis hijos, mis bodas y mi Gloria”.

Así pues, la serie Velo de Timantes de Noelia Gómez pivota alrededor de dos conceptos. Por un lado, el recurso compositivo referido de ocultar —bajo el velo— los rostros de las protagonistas de sus obras. Al no ver sus caras, sola la tensión de sus gestos, el espectador tiene que imaginar, poner cara a esas mujeres, aprehender su dolor, su hartazgo y su angustia… sin ver una lágrima.

El final del mundo I, Noelia Gómez
El final del mundo I, Noelia Gómez

Es tal el bombardeo de imágenes sensacionalistas que sufrimos cada día que un rostro descompuesto ya no dice nada. Noelia reta al espectador a hacer un esfuerzo inverso: comprender sin ver nada, sentir sin mirar ese equívoco espejo del alma.

Por otro lado, la obra de Noelia Gómez, siempre protagonizada por mujeres en actitudes turbadoras, reflexiona sobre su pasado, presente y futuro. ¿Son todas sus modelos un reflejo de Ifigenia? ¿Son las guerras masculinas el origen del sacrificio de las mujeres? Cuando Ifigenia, en uno de sus últimos arrebatados parlamentos, dice que “un hombre (por Aquiles) es más valioso que mil mujeres en la vida”, Eurípides está poniendo una de las primeras piedras de una inmemorial fortaleza machista que costará horrores derribar.

El final del mundo II, Noelia Gómez.
El final del mundo II, Noelia Gómez.

Las mujeres ocultas de Noelia Gómez se revuelven para visibilizar una lucha por ser dueñas de su destino, por no tener que sacrificarse nunca más por las epopeyas de otro. O puede que todo esto no sea más que una simple resaca. Quién sabe.

Te invitamos a visitar la galería de Noelia Gómez en Artelista.