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Timoteo at bar III - El viaje a Egipto- cap -2- >

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Descripción

Fotografía
Arquitectura e interiorismo
Color (Digital)
30 x 22 cm

... viene de cap 1 Durante aquellos minutos, desde que Teo empezara a contar su historia, Jutta, se ha ido acercando lenta, imperceptiblemente. Como una pastilla de mantequilla que, deslizándose sobre una la plancha caliente, va a parar al fondo de la misma. Finalmente se da cuenta de que se ha quedado frente a Teo. Entonces coge y se apoya sobre los codos, en la barra; con la cabeza entre las manos. Sus ojos han quedado fijos en los de Teo, o mejor dicho, en los cristales de las gafas de Teo. En una palabra, está expectante, dispuesta a seguir escuchando. En esta postura de extrema atención, la blusa de la chica, ligeramente abierta, recibe el peso de los pechos. La blusa, se desfonda, cede ante el inesperado empuje y la abertura se ensancha, profundiza. Hasta llegar al segundo botón, que está echado. Suspendida, grávida, aquella blancura exquisita parece palpitar en su cálida penumbra. La emoción está empezando a adueñarse de Jutta. Pero Teo no mira. O si lo hace da la impresión de que está mirando mucho más lejos. O quizás no, quizás está mirando dentro de sí. Para el caso muy lejos también. Por una vez parece dejar pasar lo que él acostumbra a llamar jocosamente, "una oportunidad". Sólo un instante musita para sí : - el milagro de los panes y los ... de los panes y ... Y le parece de pronto como si le hubiera entrado hambre. Y Jutta adelanta un poco la cabeza, porque no entiende lo que está diciendo. - ¿Qué dices?, le pregunta, acercando la cabeza un poco ladeada, como para oir mejor. - ¿Eh ? , no, nada, nada ...;¿por dónde iba ? Ah, sí, pues eso, que tuve un sueño. Resulta que yo era un escriba. ¿Has visto figuras de esos escribas egipcios con las piernas cruzadas, con la tablilla apoyada en los muslos, mirando al frente y con su barriguita ?, bueno, pues uno de esos. Pero todavía sin barriga, yo era un escriba joven. Yo díría que era más bien todavía un aprendiz. Mi padre es un artesano. Alfarero. ¡Huuummm, puedo revivir perfectamente ahora mismo el olor de nuestra casa, el olor a arcilla húmeda ! ¡ que cosas ! Bueno pues eso, que era alfarero. Pero no uno cualquiera. Él era un alfarero muy bien considerado con un cierto estátus, digamoslo así. Al cabo de los años su trabajo se había vuelto muy apreciado por su calidad. Tanto es así que había llegado a ser el alfarero que hacía los sellos del administrador de la ciudad ... - Una ciudad, ¿qué ciudad? - No sé, una ciudad. A lo mejor era Tebas, eso no quedaba claro en el sueño, o a lo mejor ya se me ha borrado ese detalle. ... pero nosotros, mi familia y yo no vivíamos en la ciudad, sino en una aldea de casas de adobe. Mi aldea no está muy lejos de la ciudad, porque mucha de mi gente trabaja para los que habitan la ciudad. En especial para los sacerdotes, en quienes descansa el bienestar del pueblo. Ellos tienen la sabiduría para organizar la vida; porque son ellos a quienes está reservado el trato con los dioses. Y con el monarca. - Otro dios, al fin y al cabo, interviene Jutta. - Eso, otro dios, más o menos, ¡ chsst! Por cierto, mi poblado está situado en un recodo que el río traza en su caprichoso discurrir. - ¿El Nilo? - El Nilo, claro, ¿cuál va a ser? - No sé, hay ríos ... por ahí ... -¿Tú has oido hablar de otro río en Egipto, Jutita ? - "¿¡Jutita!?", ¡ jajaja !, ¡ jo, Teo, a veces tienes tu gracia, nunca me habían llamado así ! eres un tipo pecul ... perdón, estooo, ¿ otro río ?, no, claro que no. - Bueno, el caso es que mi padre confeccionaba incluso parte de los sellos del monarca ...- ¿ Monarca ?, quieres decir el "faraón" ...¡ Chssst, muchacha ignorante !, lo de "faraón" es el término con que los griegos llamaron a los monarcas de las tierras del Nilo; Ya sabes, Herodoto ... ( y aquí mira un instante a la chica a los ojos ...); hmmm ...si me pongo a explicarte ahora todo eso no acabaremos nunca. -No, no, sigue con el sueño, ¡ anda ! -Vale, pues eso, que mi padre era un alfarero corriente en sus inicios, pero que con el tiempo había alcanzado el honor, la dignidad, de fabricar los sellos esos. Según me contaba a menudo, él provenía de una familia de amasadores de barro. Simples amasadores, ya sabes de los que estrujaban el barro mezclándolo con paja, pisándolo. Bim-bam, bim-bam , bim-bam... horas y horas. - ¡Aaaah, como cuando se pisan las uvas para hacer vino ... se agita la muchacha por la alegría de su atinada observación. ¡ Eso es, algo así !, y Teo vuelve a mirar hacia dentro de sí. Entonces, ... eeeh ... aquel barro era con el que los antepasados de padre hacían los adobes, y luego también él. Egipto ha vivido siempre en torno al barro. Hasta la casa de los monarcas lo es. Los adobes son para nuestra corta vida en este mundo. La piedra para la eternidad. Mi padre había hecho ese trabajo en su juventud. Pero él , Senekth, - "el rojizo"- , era ambicioso. Pobre pero ambicioso. Yo diría que también envidioso. Bueno, a lo mejor la ambición es imposible sin la presencia de la envidia. El caso es que él quiso siempre para sí y luego para su hijo, o sea yo, un puesto relevante en la vida. Pensaba que él merecía más de lo que había recibido a lo largo de los años. Es como si pensara que todo tuviera que arrancárselo a la vida, o sea, por las bravas. Yo debía estar lo más arriba posible. Esto significa, lo más cerca de la Autoridad. Lo que quería decir lo más cerca de, ... de Amón mismo, si eso fuera de algún modo posible. En definitiva, soñaba con verme siendo la mano derecha del faraón o algo así... ¡ - (Sííí, ya sé lo que he dicho antes, pero digo "faraón" para que no te hagas un lííío). - Pero si yo no he dich ... , ¡ jo, ... temperamento ! - y se le escapa una risilla a Jutta. ¡ Mi padre y sus sueños de grandeza ! El caso es que que llegó un día en que se acabó mi vida de niño, el final de mis correrías en la aldea. De las largas horas espiando los cañaverales, el río, con su discurrir tranquilo; pero con la muerte agazapada, acechando en el silencio. Porque el cocodrilo, tan quieto, parece el barro mismo; y sin embargo, de repente ... ¡ plas-plas-plas !, a menudo me sobresaltaba el angustiado aleteo de un pato. Un pato tan sorprendido como yo por la súbita aparición de la muerte en su existencia. Sólo yo fui escogido en la aldea. No sé si, pensándolo ahora, fui escogido o, "el escogido". Lo cierto es que tuve que empezar a someterme a una disciplina y a un duro aprendizaje en la ciudad. El primer día padre me acompañó. Un mayordomo nos introdujo en una sala amplia y de techo muy alto. Me asombra cómo recuerdo aquella luz, entrando a raudales por grandes aberturas. Pero éstas están muy arriba, de modo que sólo puedes ver el cielo a su través. Mi padre y yo no hablamos, estamos en silencio, esperando. Yo estoy temblando de miedo. Me iría de allí a todo correr. Pero no muevo ni un dedo, de mí se espera todo. Al cabo de un rato el mismo mayordomo reaparece y, desde la puerta, sin llegar a entrar en la sala, me llama con un gesto seco, severo. Padre no, padre queda allí de pie. Nos miramos los dos y luego él se da la vuelta y se marcha. Entonces yo voy y me apresuro detrás del mayordomo. Resbalan lágrimas por mis mejillas. Pero el mayordomo no lo ve porque camina mirando delante suyo, como si ignorase mi presencia. Menos mal que todos los días volvía a casa, al atardecer. Al poco tiempo me había acostumbrado lo bastante como para que aquello me resultara llevadero. Se convirtió en una rutina. Sin embargo, dado lo lento que discurre el tiempo ante una situación nueva, cuando medito, a punto de dormirme, me asombra que aquel primer día me parezca ya tan lejano. Y además, contra mi propio pronóstico, contra mis expectativas, he ido asimilando bien todo esel conocimiento, ¡ tan extraño !. Yo no tenía ni idea de que se pudiera guardar lo que se habla en un trozo de material muerto. Casi en cualquier objeto. Casi con la precisión de cada palabra que tienes dentro de tí antes de hacerla salir por la boca. Si otro no la memoriza se perdería. Pero ahora sé que se puede conservar, guardar, y volverla a oir si quieres sin necesitar a otro. Mi padre se sentía satisfecho. No decía apenas nada, pero yo se lo notaba. Al mirarlo alejarse por la calle ha habido días en que me parecía incluso más alto. Con el paso del tiempo ya no sufro tanto porque sé que el conocimiento elevará mi rango y el de mi familia. El rango que merecemos, gracias a mí; porque padre así lo quiere. Teo para aquí y, yo diría que sin advertirlo, toma un trago. Breve silencio. Jutta parpadea un poco, se frota un ojo con el dorso de la mano y vuelve a quedarse quieta. Parece, en la calma del local desierto, como si todo alrededor hubiera desaparecido. Una isla de luz con dos naúfragos y rodeados, casi suspendidos, en la penumbra. Teo continua :... -Estamos en una estancia el administrador y yo. Los dos solos. Él es Nemer-Ra, el administrador y sacerdote-jefe del templo tebano. Es poderoso. Es casi tan poderoso como un visir. Él no gobierna un nomo, pero lo sabe todo sobre la vida, sobre como obtener la amistad de Amón, de Ra. Ese es el máximo poder de un mortal ... - Ejém, ejém...ejéém, ¿ el faraón ...? -¿Qué? - Que si sale en el sueño qué farón era ... ¿ no sería Akhenatón ?, Jupp y yo, en El Cairo vimos ... - No os ví en mi sueño ni a tí y ni al de la moto (elevando ostensiblemente el tono de voz). - Ay, perdona, Teo, yo sólo..., sigue, sigue, por favor. - No era Akhenatón desde luego; ese Akhenatón era un hereje, un revolucionario, yo no habría tenído la menor oportunidad en su tiempo. Quería acabar con el culto a todos los dioses menos al suyo. ¡ Pura invención de un snob !, ¡Hombre ! no importa qué faraón o faraona; quitando ese, podría ser uno u otro cualquiera. Bueno Horemheb tampoco. - ¿ Tampoco ? ¿por qué Ho, hor ..beb tampoco ? - Pues, no sé, porque en una película que recuerdo de chaval hacía de Horemheb el Victor Mature y a mí ese actor nunca me gustó ni un pelo. Tampoco tenía geta de egipcio, sino una geta disoluta, carnosa y bestial a la vez, ¡uaaah! - ¡ Aaaah, ya !, y porq ... (Teo sin dejarla acabar) ...- El administrador se sienta en en una silla de respaldo recto. Está muy derecho en su silla, sobre un estrado. Yo estoy a sus pies. Sí, a sus pies, según mi dignidad, casi la de un gusano comparada con la suya. El administrador sacerdote-jefe me dicta disposiciones durante largas horas. Yo paso las mañanas allí, escribiendo sin parar. Escribo hasta que me duelen las manos, los dedos, las rodillas. Tengo el trasero frío y plano como una losa de granito. Ni siquiera paro para sacudirme las moscas. Siempre estamos los dos solos, como si yo fuera un alumno especialmente escogido., más que escogido, "apartado". Sí, yo me quedo con esta última idea. Así pasa el tiempo. Hasta que un día, el administrador trajo consigo a una hija suya. Tal vez fuera la menor. Yo pensé que la traía allí para que se distrajera haciendo garabatos. O a lo mejor quería que ella aprendiese también el conocimiento, sí; aunque el de escriba no fuera oficio de mujeres. Yo sentía al principio una gran incomodidad con aquella nueva presencia. Tan sólo oler su fragancia me indicaba que se trataba de una criatura superior. En la aldea las chicas huelen como nosotros, los chicos. Bueno, no sé bien, ahora que lo pienso, nunca había estado tan cerca de una chica como hasta ahora. Pero, yo sí sé cómo huelen las asnas, y las ocas y las gatas, ... Además, en la aldea todo el mundo huele a cebolla cuando habla. Pues bien, la hija del administrador no. A mí me pareció desde el principio como una flor, ¡ porque es que olía a flores ! Puesto que no podía mirar al administrador estaba claro que tampco podía mirar a su hija. Quiero decir, que no me estaba permitido. Vamos, yo no me hubiera atrevido nunca, aunque no me estuviera prohibido. En su cercanía me noto raro. Empiezo a moverme, cosa que antes no hacía. Tengo la impresión a veces de que me estoy volviendo loco. Porque, de pronto quiero saltar, reir alto, y siento un extraño calor por dentro del cuerpo. Aunque no sé bién cómo llamar a esto, sé que es por causa de ella. Porque cuando estábamos su padre y yo, solos los dos en el gabinete, nunca había sentido nada, nada excepto miedo y cosas así. Ella tampoco me mira a mí. Lo tendrá prohibido también. O quizá es que piensa que no merece la pena mirarme, ni aunque se lo permitieran. Se llama Kishé, Kishé-nur . (Aquí Teo, agarra el "on the rocks", toma otro traguito apresurado y añade ... - y no me preguntes cómo lo sabía, los sueños son así). Así que ella es Kishé-nur, "flor única" o "flor especial" o algo similar. Pasan las semanas y me voy dando cuenta de que aquellas duras, tediosas sesiones en el gabinete han empezado a parecerme todo lo contrario. ... Nota. Fotografía tomada en el Parque del Templo (egipcio) de Debod, Madrid. (para quienes en algún lugar desconozcan su existencia). Trasladado de Egipto a España a principios de los 70. Plan de salvación por parte de la UNESCO de arquitectura egipcia antigua a raíz de la construcción de la presa de Assuán.
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