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desfallecido en mi alfombra verde

LUISALON

NO DISPONIBLE

Detalles de la obra

fotografia digital modificada virtualmente

País
Argentina
Categoría
Digital
En Artelista
DESDE EL 9 DE MAYO DE 2006
Licencia
© Todos los derechos reservados

Sobre el artista

LUISALON

LUISALON

Argentina | Digital, Pintura, Instalación

1 7
soy un artista extremadamente sensible, mis obras son un fiel reflejo de lo que soy, mis obras soy yo...no me encasillo en ningun movimiento, no sabria en cual ponerme, soy antipop, detesto a la… Seguir leyendo

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Comentarios (1)

Anónimo

Anónimo

26 de junio de 2007
Tu sensibilidad me ha asombrado, tu arte esta cargado de sinceridad. Eres artista nato sin prejuicios.

Me haz recordado A EMILE CIORAN,el que leo desde ahce poco tiempo, me haz puesto el espejo enfrente.

"La gente me produce asco, tengo asco hasta de mi mismo. Deseo una destrucción completa de todo lo humano, incluidos ellos e incluido yo, ya que no soy especial ni mejor que ellos. Soy una mierda más puesta en este mundo sin mi aprobación.
27 años son más que suficientes para poder soportar todo este absurdo que me rodea y que me invade, es suficiente para ver que todo lo que hacemos no servirá de nada, que ningún sentido tiene seguir sufriendo y siguiendo una rutina estúpida que no nos conduce a nada. Mierda de vida, mierda de sociedad, mierda de gente, mierda de sistema,... MIERDA, mi palabra favorita, sólo ella es capaz de describir sin esfuerzo mis pensamientos.
Madrugo por las mañanas y pienso con ironía: "¡Bien, otro día más sobre este planeta!. Levantémonos, vamos a producir la ración de basura de hoy.". Me levanto, no sin un gran esfuerzo de voluntad (la cual hay que reconocer es considerable, me pregunto de dónde sale), toso (el tabaco dicen que mata, poco a poco). Salgo de casa, con ojos dormidos, mi mente todavía atontada, los cascos de mi discman en mis oídos (la música es lo único que soporto a esas horas, y casi es lo único que soportaría a cualquier hora). Me dirijo con paso raudo a la estación de tren, que me llevará a mi y al resto de las abejas obreras a esos campos de concentración mal llamados empresas. Cuando llego, mi cara (ya con un rictus de amarga tristeza) empeora hacia un enfado que no puedo dirigir contra nadie, porque nadie es culpable y al mismo tiempo, lo somos todos y hacia todos lo dirijo. No hablo, apenas saludo (¿Buenos días?, no para mi, desde luego), me siento en mi cubiculo, en mi celda. Aun encima, es verano, hace calor, y el aire acondicionado crea una malsana atmósfera artificial que perjudica más mis pulmones, ya jodidos por el tabaco." EMILE CIORAN