a Jaén se entra llorando, y se sale llorando
Detalles de la obra
Galateas en metamorfosis (16)
GALATEA 16 ( A JAEN SE ENTRA LLORANDO…)
No es mármol lo que rompe tu semblante.
Ni alabastro lo guarda tu silencio:
es olivo.
Es tierra.
Es el verde que nace del cansancio
y se corona en rama sobre tu frente.
Tu cabeza, levemente girada a la izquierda,
como quien escucha el viento entre los cerros,
muestra grietas—no de muerte, sino de siembra—
por donde ya brota el alma de los pueblos.
Los ojos, cerrados en paz vigilante,
no duermen: esperan.
La boca, sellada en quietud sagrada,
no calla: canta en silencio la cosecha.
Tu cabello—raíz viva, río oscuro—
cae a los lados como ramas que besan
el rostro de una tierra que ha sufrido
y aún da fruto bajo el sol más fiero.
Y en tu sien, la corona no es de oro,
sino de olivo: humilde, eterna, fuerte.
Porque tú eres Jaén—
ciudad de luz y sombra,
de olivares que sangran oro líquido
y de manos que siembran sin promesa.
Lloras…
pero tus lágrimas no son de pena:
son aceite.
Espeso, dorado, sagrado—
el mismo que el refrán antiguo nombra
cuando dice que “a Jaén se entra llorando
y se sale llorando”.
Mas hoy, Galatea jaenera,
tus lágrimas no son de despedida,
sino de renacer.
Cada gota es un grito mudo:
*¡Despierta!*
*¡No eres estatua, eres pueblo!*
*¡No eres piedra, eres olivo en flor!*
Tus habitantes—tus Galateos modernos—
te miran con fe de raíces profundas,
suplicando que rompas del todo la costra,
que alces la mirada, que abras los labios,
que camines entre surcos y plazas
con la fuerza que merece tu nombre.
Porque Jaén no es solo tierra de olivos:
es corazón que late bajo la corteza,
es mujer que se alza del sueño milenario
para brillar—no con fuego, sino con luz verde,
con el brillo del aceite que unge el mundo,
con el llanto que da vida, no que hiere.
Galatea de Jaén:
rompe.
Respira.
Llora… y que esas lágrimas
sean el río que despierte a la ciudad.
Sobre el artista
Felipe Erena Damas
España | Pintura
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