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Un lienzo que une dos mundos en una sola escena: el día y la noche, la luz y la oscuridad, mostrando como los opuestos pueden convivir en perfecta armonía.
Un árbol majestuoso se alza como símbolo de fortaleza, crecimiento y el paso del tiempo, mientras una pareja contempla el paisaje, representando un amor capaz de superar cualquier situación de la vida.
Cada detalle invita a detenerse, reflexionar y recordar que, incluso cuando cae la noche siempre existe la promesa de un nuevo amanecer.
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