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Pintura al óleo de 120x100 cm que presenta una flor monumental en primer plano, iluminada desde su interior, como si emanara luz propia. El contraste con el paisaje profundo y atmosférico —en tonos violetas, azules y verdes— crea una sensación de calma y misterio.
La obra transmite una presencia casi espiritual: la flor no es solo un elemento natural, sino un símbolo de vida, equilibrio y conexión interior. La pincelada rica y envolvente aporta movimiento y profundidad, invitando a detenerse y contemplar.
Artista pintora nacida en Poltava, Ucrania, en una familia de músicos. Desde la infancia, el arte fue mi idioma natural: estudié piano profesionalmente y recibí formación en pintura con maestros destacados.
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