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La obra se inspira en el mito griego de Pigmalión, hábil escultor que en la búsqueda de plasmar su ideal de belleza femenina termina enamorándose de su creación Galatea, conmovida por el gesto la diosa Afrodita confiere vida a la escultura consumando así la aspiración amorosa de Pigmalión.
El mito sirve como base para reflexionar acerca de la condición contemporánea donde la economía del signo, la sociedad de consumo y la industria del entretenimiento producen hábitos y pensamientos que reflejan el repertorio cultural y material que representan.
Así la obra explora el fenómeno de las redes sociales, nicho de exhibición que reproduce a una escala individual las ficciones útiles que justifican y amparan tal repertorio en el cuerpo social, ya que el sujeto se torna consumidor, espectador y mercancía, haciendo del espacio virtual un meta-espectáculo donde el escenario y los asientos se mezclan en roles indefinidos, compitiendo por la atención, el protagonismo y la asimilación.
En línea a lo descrito la pieza es una reinterpretación perversa del mito, que busca ser un retrato crítico y reflexivo con el tema pues expone un proceso inverso donde la acción ideal no es la transformación del objeto en sujeto, sino del sujeto en objeto, esto busca ser expresado en el personaje escultórico que con la línea blanca describe su peregrinaje hedonista donde miembros reemplazados quedan atrás mientras busca el escenario perfecto para una fotografía idílica junto a objetos festivos y coloridos para compartir su nueva imagen acorde al “furor del momento”, así le vemos transfigurando en una mezcla caprichosa que combina una pierna de maniquí, un abdomen de carne y hueso que comparte espacio con partes de muñeca de material plástico que se extiende a un brazo y la mitad del rostro (y disputa mas terreno con el “ruido blanco”). Eufórica observa su teléfono celular que ya en simultáneo arroja estadísticas, puntajes y resultados de interacción con su imagen compartida en la red.
Esta pintura presenta una figura femenina de pie sobre un pedestal. Su cuerpo se divide visualmente: un lado emula la textura y el color de una estatua clásica gris, mientras que el otro exhibe tonos de piel y una delicada textura translúcida en el torso. La figura sostiene tres globos vibrantes (rojo, azul y amarillo) en una mano y un teléfono inteligente en la otra, del cual emergen líneas que se transforman en gráficos ascendentes sobre un cielo azul claro. A la derecha, sobre un suelo ocre, yacen extremidades desmembradas y una pelota de playa multicolor, delineadas por una curva blanca. El fondo se completa con formas geométricas oscuras a la izquierda.
Elías Pinto Casanova, artista visual mexicano.
Declaración de artista:
Considero las artes como la crónica sensible de una época con la función de hacer las ideas atractivas a los sentidos, por ello todo creador es un poeta que ya con el tiempo o con el espacio esculpe signos y símbolos que expresan la subjetividad de la experiencia humana en un período sumando al mosaico de la epopeya del Sapiens Sapiens, con sus sueños y pesadillas, errores y aciertos.
Por ello el arte junto a la filosofía y la ciencia forman una tríada que se inspira y retroalimenta en ensayo-error para fraguar el progreso de la humanidad trazando su cartografía hacia la eternidad por medio de la estética, la reflexión y el conocimiento. Es por esta inspiración que tengo una perspectiva mítica-poética en mis composiciones que busca mediante la figuración y la abstracción aumentar la potencia sugestiva de las mismas para captar la intuición y dejar la puerta abierta a la reflexión para la herencia del futuro junto a todos los compañeros del gremio.
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