Para amar al mundo hay que caminarlo
Saul G. Corona Artista verificado
Detalles de la obra
Caminando ves las cosas pequeñas, que son las que lo sostienen en pie: las plantas y las flores, los árboles y los hongos, las abejas y las avispas, los escarabajos, las hormigas y los saltamontes.
Todo eso no se ve desde un coche veloz y mucho menos desde un avión. Ni se ve yendo en marabunta a los lugares que hay que visitar para molar.
Para amar el mundo y la vida hay que caminarlos. Y si puede ser en silencio, mejor que mejor.
Y así se ama y se comprende la vida de hasta el ser más pequeño.
Caminando el mundo descubres los pueblos y puedes oler ( aunque cada vez menos) cómo el olor a pan los inunda desde bien temprano. Puedes escuchar una persiana que se levanta, una escoba barriendo una puerta, dos viejos que hablan sentados en un banco.
El mundo no es lo espectacular. Lo espectacular casi siempre está vacío. El mundo son muchas cosas pequeñas sucediendo a la vez. Tan pequeñas que casi nunca las miramos.
Miramos hacia arriba, hacia lo grande, lo sonoro, lo luminoso. Miramos el avión, el rascacielos, el Ferrari. Pero casi nunca miramos a ras de tierra.
Y a ras de tierra están sucediendo las cosas que permiten que todo lo demás suceda.
Sin árboles no hay aviones. Sin insectos, hongos, raíces, bacterias, agua y tierra no hay Ferraris. Ni ciudades. Ni nosotros.
Nosotros mismos somos una acumulación de cosas diminutas. Átomos, células, bacterias. Lo pequeño haciendo posible algo más grande.
Sin abejas no hay Ferraris.
Sin Ferraris puede haber abejas.
Quizá caminar sea eso: volver a nuestra altura. Bajar la mirada. Dejar de mirar siempre hacia arriba y mirar lo que sucede delante de nosotros y debajo de nuestros pies.
Porque ese es nuestro sitio.
La tierra.
Caminamos sobre ella. No por encima de ella.
Sobre el artista
Saul G. Corona Artista verificado
España | Pintura, Dibujo
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