La aparición silenciosa en la llanura herida
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Detalles de la obra
La aparición silenciosa en la llanura herida
En el yermo confín donde el olvido
vuelca su manto de ceniza y frío,
se yergue un tronco trágico y vacío,
por el hacha del tiempo combatido.
Mas en su seno, de dolor herido,
brotó el milagro contra el sombrío
páramo seco, que en su mudo estío
guarda un sagrario que no fue vencido.
Emerge la sagrada arquitectura
de la que es luz en la corteza muerta,
imperturbable ante la noche obscura.
Y una hiedra, con timidez despierta,
teje un altar de mística ternura,
dejando la esperanza al cielo abierta.
¿Por qué el arte actual le teme a lo sagrado?
Vivimos en una época obsesionada con lo ruidoso, lo inmediato y lo profundamente superficial. El mercado del arte contemporáneo se ha convertido en una pasarela de provocaciones baratas y conceptos vacíos que necesitan tres páginas de justificación teórica para sostenerse. Se premia el cinismo y se castiga la introspección. Por eso, cuando presento una obra como La aparición silenciosa en la llanura herida, sé perfectamente que estoy cometiendo un acto de absoluta rebeldad frente al canon moderno.
¿Cuál es la verdadera provocación hoy en día? No es el urinario invertido ni el plátano pegado a la pared; la verdadera transgresión es atreverse a mirar lo sagrado en un mundo que insiste en profanarlo todo.
En este cuadro, coloco la contradicción de frente, sin anestesia. Es una llanura devastada, un entorno rural herido por el tiempo, el olvido y la mirada pálida de una luna espectral. Cualquier artista dócil del circuito actual habría pintado ahí la decadencia pura, el nihilismo que tanto les gusta vender. Pero mi pincel no se rinde ante el vacío. En el centro de ese tronco seco, muerto por fuera, brota la silueta imperturbable de la Virgen de Guadalupe, abrazada por una enredadera que insiste en florecer.
Esta es la contradicción que define mi obra y, si me lo permiten, mi propia existencia: la tensión constante entre la pesadez de nuestra realidad terrenal —llena de cicatrices— y la fuerza mística inquebrantable que se niega a morir.
El arte no necesita de los grandes templos de piedra de las instituciones ni del visto bueno de los críticos de moda para manifestar su grandeza; le basta la complicidad de la naturaleza y la honestidad de un trazo. La fe, al igual que el verdadero arte, no sobrevive en los museos esterilizados de las grandes capitales, sino aquí: en la llanura herida, brotando de la madera ausente, en absoluto y desafiante silencio. Que se escandalicen los escépticos; los que aún saben mirar, entenderán.
- País
- México
- Categoría
- Pintura
- Técnica
- Media Mixta
- Soporte
- Cartulina
- Temática
- Paisaje
- Medidas
- 65 × 50 cm
- En Artelista
- DESDE EL 1 DE OCTUBRE DE 2026
- Etiquetas
- naturaleza, paisaje, cielo, flores
- Licencia
- © Todos los derechos reservados
Sobre el artista
Alberto Thirion
México | Pintura, Dibujo, Otras
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