Paisaje de montaña con línea de árboles, óleo sobre lienzo
Detalles de la obra
Paisaje de montaña con línea de árboles, óleo sobre lienzo 92 x 73 cm.
Terminado en 2026.
Crítica artística:
«La obra «Paisaje de montaña con línea de árboles», óleo sobre lienzo de 92 × 73 cm, terminada en 2026 por la pintora aragonesa Yolanda Molina Brañas, se presenta como una pieza serena y contenida dentro de su exploración del paisaje como espacio emocional más que como mera topografía.
La composición adopta una estructura clásica en franjas horizontales que aportan una sensación de calma tectónica y orden natural: en primer plano, un prado o terreno ondulado en tonos ocres y dorados apagados; inmediatamente después, la protagonista indiscutible, esa línea rítmica y casi caligráfica de chopos o álamos otoñales en un amarillo intenso, casi dorado, que se alzan como llamas verticales contenidas. Ante ellos, un pequeño estanque o laguna de aguas muy oscuras que actúa como espejo quieto y punto de anclaje tonal, y finalmente, la sucesión de lomas y montañas que se van difuminando en grises fríos y azules grisáceos bajo un cielo encapotado, dramático pero sin estridencia.
Lo más poderoso de la pintura reside precisamente en esa franja arbórea que da título a la obra. Molina Brañas no pinta un bosque realista ni un grupo disperso de árboles: construye una barrera cromática deliberada, casi ornamental, que funciona a la vez como pantalla, como frontera y como celebración. Ese amarillo saturado —dorado, limón maduro, ámbar— contrasta con la paleta predominantemente fría y terrosa del resto del lienzo, generando un efecto de iluminación interna que no procede del cielo encapotado, sino de los propios árboles. Es como si la luz otoñal más pura se hubiera refugiado en esas copas y las hiciera brillar desde dentro, en un gesto que recuerda tanto a ciertas soluciones de los románticos nórdicos (pienso en Caspar David Friedrich en sus momentos más contenidos) como a la tradición española de pintar el oro de la luz mediterránea en paisajes ásperos.
La pincelada es visible, pastosa en las zonas arbóreas y más fundida en las montañas lejanas, lo que crea una progresiva disolución de la forma a medida que nos alejamos: un recurso clásico del paisaje decimonónico y del impresionismo tardío que aquí se usa con moderación expresionista. No hay virtuosismo gratuito, cada toque parece medido para reforzar la sensación de distancia emocional y de recogimiento. El árbol solitario y desnudo en primer plano a la izquierda, de tronco blanco y ramas escuetas, actúa como repoussoir y como testigo melancólico; su verticalidad dialoga con la fila de árboles dorados y nos recuerda la fragilidad que subyace bajo tanta belleza cromática..."
Sobre el artista
Yolanda Molina Brañas
España | Pintura
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