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Collage realizado con Photoshop
En este paisaje suspendido, la vida se abre paso entre los restos de lo que ya no es. La escena habita un límite: un territorio donde la infancia dialoga con la ruina, donde la fragilidad se vuelve acto de resistencia. Aquí, cada gesto es una declaración silenciosa de continuidad. El umbral no es solo un borde: es la posibilidad de un mundo que aún se imagina, incluso cuando todo parece perdido. La obra invita a detenerse en ese instante intermedio, donde la belleza y la destruccion conviven sin anularse, y donde la esperanza no grita, pero insiste.
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