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Galateas en metamorfosis /12)
GALATEA 12 ( LA MANZANA PARTIDA )
De mármol naciste, Galatea pura,
con mirada esculpida en la penumbra fría,
cuerpo erguido, desnuda arquitectura
donde el deseo aún no hallaba vía.
Tu cabeza, altiva, gira apenas al alba,
los cabellos caen como ríos de nieve,
y en tus ojos —complicidad que salva—
una chispa humana apenas se atreve.
Boca entreabierta, no por sed ni grito,
sino por el susurro que no pudo brotar
mientras fuiste estatua, muda en su rito,
virgen de piedra, sin poder pecar.
Delante de ti, un pedestal de mármol blanco,
a la altura del fuego que callabas,
sostiene una bandeja donde el encanto
de lo prohibido apenas se asomaba.
Allí, cuatro manzanas de piedra yacen,
frutos de un jardín que no madura,
símbolo de lo que no se ofrece,
porque el amor no toca la escultura.
Mas tú, con pulgar y corazón unidos,
sostienes la media manzana partida:
carne ya, no mármol; fruto ya, no olvido.
La ofrenda humana que el alma ha decidido.
Tu piel, ajada apenas por la aurora
de la transformación, revela el paso:
de lo inerte a lo vivo, de lo que ignora
al conocimiento que abre el abrazo.
Ya no eres estatua, Galatea mía,
sino mujer que ofrece su verdad.
La manzana cortada es tu osadía,
tu entrada al reino de la libertad.
Porque Eros, al fin, te ha dado aliento,
y en tu desnudez ya no hay prohibición:
eres fruto, ofrenda, carne y consentimiento…
la que fue piedra —y ahora es pasión.
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