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Un rincón de luz y silencio donde el tiempo parece detenerse.
En esta obra, María Ángeles Bueno Campos captura con sensibilidad y mirada directa uno de los rincones más evocadores del jardín del Museo Sorolla, transformándolo en una escena íntima donde la luz es la verdadera protagonista.
La composición está cuidadosamente equilibrada, guiando la mirada desde la fuente central hacia la escalinata decorada con azulejos, en un recorrido visual que invita al espectador a adentrarse en el espacio. La pincelada es suelta pero firme, característica de su estilo impresionista figurativo, donde cada trazo construye volumen sin perder frescura ni naturalidad.
Destaca especialmente el tratamiento del color: los verdes vibrantes del jardín contrastan con los tonos cálidos del suelo y las paredes, generando una armonía cromática muy cuidada. Las flores en rojo actúan como acentos vivos que dinamizan la escena y aportan profundidad.
La luz, tratada con gran sensibilidad, no es solo un elemento descriptivo sino emocional. Se percibe cómo baña la arquitectura y suaviza las formas, evocando la atmósfera serena y luminosa propia de los jardines andaluces.
Más allá de la representación, la obra transmite calma, recogimiento y una sensación de tiempo suspendido, invitando al espectador a detenerse y contemplar.
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