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El aire vibra antes de que ocurra el primer aplauso.
La luz del mediodía cae sobre las paredes blancas y el polvo dorado se levanta del suelo como si el verano respirara.
En el centro, el caballo se alza.
No es solo un salto: es un instante suspendido entre la tierra y el cielo, entre la expectación y la celebración. Las figuras que lo rodean no miran únicamente al animal, miran el comienzo de algo compartido, el punto exacto donde la rutina se rompe y nace la fiesta.
Todo sucede en ese segundo luminoso y frágil.
El pueblo contiene la respiración.
La alegría todavía no ha estallado… pero ya está ocurriendo.
Aquí empieza la fiesta. ✨
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