Sandro Botticelli
Autorretrato de Sandro Botticelli.
Grandes artistas
Fra Angelico
Giuseppe Arcimboldo Fra Bartolomeo Domenico Beccafumi Giovanni Bellini Alonso Berruguete William Blake Hieronymus Bosch Sandro Botticelli François Boucher Eugène Boudin Angelo Bronzino Jan Brueghel Pieter Brueghel Arnold Böcklin Canaletto Caravaggio Paul Cézanne John Constable John Singleton Copley Jean-Baptiste-Camille Corot Correggio Francesco del Cossa Lucas Cranach el Joven Lucas Cranach el Viejo Gerard David Jacques-Louis David Edgar Degas Eugène Delacroix Anthonis van Dyck Alberto Durero Jan van Eyck Jean-Honoré Fragonard Paul Gauguin Gentile da Fabriano Domenico Ghirlandaio Luca Giordano Giorgione Giotto Giunta Pisano Vincent van Gogh Francisco de Goya El Greco Juan Gris Frans Hals Hans Holbein el Joven Hans Holbein el Viejo Juan de Juanes Gustav Klimt Georges de La Tour Leonardo da Vinci Filippino Lippi Fra Filippo Lippi Andrea Mantegna Miguel Ángel Amedeo Modigliani Claude Monet Henri Moret Bartolomé Esteban Perez Murillo Pietro Perugino Piero della Francesca Pisanello Camille Pissarro Rafael Rembrandt José de Ribera Peter Paul Rubens Egon Schiele Georges Seurat Alfred Sisley Giovanni Battista Tiepolo Tintoretto Tiziano Henri de Toulouse-Lautrec William Turner Diego Velázquez Jan Vermeer Andrea del Verrocchio |
(Florencia 1444 – 1510)
Algunas obras de Sandro Botticelli
Tuvo su vida poco relieve, comparada con la de sus grandes contemporáneos. Invitado a pintar en la Capilla Sixtina, conoció a Leonardo de Vinci en el taller de Verrochio y quedó influido por Girolamo Savonarola. Los sermones apocalípticos de este monje benedictino, que predicaba contra las obras de arte pagano y propugnaba la utilización del arte como instrumento teológico, hicieron mella en Botticelli. Hasta tal punto que llegó a quemar algunas de sus obras paganas. Fue a partir de entonces cuando la obra de Botticelli sufrió un cambio radical: abandonó definitivamente los temas mitológicos y se dedicó en cuerpo y alma a la producción de obras de contenido religioso.
Habían sido sus maestros Fra Filippo Lippi y Antonio Pollaiuola, con quien, al parecer, tuvo ciertas discusiones en el taller de Verrochio, donde se reunían filósofos y artistas. Fruto de aquel ambiente sería la predilección de Botticelli por los temas que abordó en sus obras, que le sitúan en el grupo de pintores renacentistas de su país. Según palabras de Salomón Reinach, sin ser, ni pretender serlo, un colorista, Botticelli realzaba con el color el “trémolo” continuo y contagioso de sus líneas. Cuando su labor es tan admirable como en La Primavera de la Academia de Florencia, ofrece la más perfecta expresión de lo humano y la quintaesencia de la distinción florentina. Sus cuadros religiosos, por el estilo libre, fluido y algo sensual, se distinguen poco de aquellos en que trataba temas profanos: sorprende la semejanza de recursos y sensibilidad existente en la Virgen y Venus, o entre los Ángeles religiosos y las Gracias profanas. Se distinguen sus obras por las calidades líricas de la línea y el color, y por un equilibrio casi perfecto entre las figuras y los objetos. Tal se advierte en su famoso cuadro El nacimiento de Venus, donde logra un obsesionante efecto circular gracias a la redondez de los hombros de la figura neoclásica central, los vestidos agitados por el viento en algunas figuras y la concha circular de la que surge Venus. Por encargo de la familia Médicis trazó este gran pintor las ilustraciones para la Divina Comedia de Dante, lo cual ha permitido decir a Walter Pater que había sido necesario esperar al siglo XV y a la colaboración de Botticelli, para que Dante pudiera tener ilustrada tan magnífica obra. Botticelli produjo, además de las obras pictóricas citadas, Magnificat, Judit y San Agustín, hoy en Florencia; y la titulada Retrato de una joven, en Washington. |
||||||||||||||||





















































































