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No quise ver la errante y trastornada amiga
solo su frente enverdecida por el orbe
áfonos signos que el corazón diluye
mil poemas no oídos por inmutables coros
No deseo mirar sus dientes de manzana
inútiles los vientos los rulos de alcornoque
la matriz
ni la nuca
rasgada firmemente entre los marsupiales
Hago los imposibles
por ver la luz
su esfera sorprendente que anida a la mañana
y emerge desde el cielo
su verdoso cabello
y estrellas que abandona su extremado universo
No estoy por anotar el rostro de dolor
pálida de lamentos en resplandor y fiebre
aspiro a secas
a investir su consuelo
manantial perenne que destila
forzado
los giros de la rosa
Pablo Bethencourt
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