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Galateas en metamorfosis (9)
GALATEA 9 (DESEO DE VIDA )
Sobre el diván de piedra—
frío eco de lo que fue—
yace Galatea,
ya no estatua,
aún no del todo mujer,
pero *sí* viva.
De costado, sobre el derecho,
su cuerpo se entrega al mármol
como quien se entrega al lecho
después de un milagro.
La cabeza reposa en el borde,
ojos cerrados,
boca sellada en un rictus
entre espera y anhelo—
no pide,
*espera que le pidan*.
Su brazo derecho flota,
doblado en el codo,
mano abierta hacia el cielo
como un cáliz vacío
que no sabe qué vino
merece recibir.
Los dedos, separados,
temblorosos de novedad,
piden sin palabras
lo que aún no tiene nombre:
caricia, nombre, fuego,
o simplemente
que alguien la toque
y no tema su piel quebrada.
Las piernas—
¡oh, las piernas!—
entreabiertas como puertas
que por primera vez
se atreven a abrirse.
La derecha, anclada al diván,
muslo y pie firmes en la tierra
de su antigua condición.
La izquierda, en cambio,
suspendida, doblada,
rodilla alzada como ofrenda,
como pregunta en el aire.
Y entre ellas,
su brazo izquierdo—
su escudo y su confesión—
reposa con pudor fingido,
cubriendo lo que ya no es mármol,
sino centro palpitante
de un deseo recién nacido.
La mano se apoya en el tobillo derecho,
cerrando un círculo íntimo,
como si su propio cuerpo
aprendiera a abrazarse
antes de ser abrazado.
Su piel, partida en sutiles grietas,
exuda no sangre, sino luz—
el sudor de la metamorfosis,
el polvo del mito cayendo
para dar paso al latido.
Ya no espera el beso de Afrodita,
ni la plegaria de Pigmalión.
Ahora, ella desea.
No por encargo,
no por gracia ajena,
sino porque siente—
porque *arde*.
Quiere la risa que se quiebra,
el llanto que no se talla,
el peso del vientre al caminar,
el vértigo del roce,
el nombre propio en labios ajenos,
el deseo que no es mirada,
sino respuesta.
Galatea no pide volver a ser piedra.
Pide ser tocada
como a una mujer,
no como a un sueño.
Pide que su carne rota
se llene de cicatrices vivas.
Pide, con la palma al cielo
y las piernas entreabiertas,
no la perfección del mármol,
sino el caos dulce
de ser, al fin,
deseada
por sí misma.
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