© All rights reserved
Galateas en metamorfosis (8)
GALATEA 8 ( RUBOR AJENO )
De pie, como si el suelo
la hubiera reclamado con respeto,
no con furia ni con gracia,
sino con la duda del alba
al tocar por primera vez
la orilla de un mar que no eligió.
Viste solo una toca—
tela caída del hombro derecho,
como un velo que no cubre,
sino señala:
aquí estuvo el cincel,
aquí comienza el temblor.
Su cabeza se inclina levemente,
mirada fija al costado,
no huye, no busca—
solo observa el mundo
como quien descubre
que tiene ojos para hacerlo.
Brazos cruzados a la altura
donde el pulso late sin nombre,
manos sobre manos,
dedos abiertos como pétalos
que aún no saben si son flor
o herida recién abierta.
La postura aprisiona
el pecho izquierdo—
único seno visible,
único testigo
de un corazón que late
por primera vez sin permiso.
Entre sus piernas juntas,
el silencio es más elocuente
que cualquier grito:
allí, donde la piedra se rompió,
nace algo que no tiene nombre,
solo calor, solo vértigo.
Su piel—
mapa de grietas luminosas—
cuenta la historia de un milagro
que no pidió:
Afrodita escuchó el deseo
de otro, no el suyo.
Pigmalión soñó con una mujer
y ella despertó
en medio del sueño ajeno.
¿Es esto vida?
¿O solo el eco de un anhelo
vestido de carne?
Su rubor no es suyo—
es el del mundo al verla
y nombrarla “belleza”,
“objeto”, “mujer”,
sin preguntarle
qué quiere ser
cuando deje de ser estatua.
Y aun así,
en esa postura tensa,
en ese gesto entre asombro y quietud,
algo nace que ni dios ni artista
pudieron tallar:
la primera pregunta
que no necesita voz—
solo existir.
See more information about Felipe Erena Damas