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El "arte de la política" en Latinoamérica consiste en la evasión de la realidad y la responsabilidad de su aparato dirigente achacando los males presentes a la pasada administración del grupo político adversario: derecha, izquierda, centro etc mientras la catástrofe se acumula, y el verdadero problema no es atendido ni corregido.
Pero entre el humo, la opereta y el circo el verdadero mal resiste invicto, se propaga y reproduce, sin lealtad, ideología ni programa, solo ajusta su uniforme al son del momento y se suma al aparato de poder para continuar el ciclo, así es como de forma macabra la corrupción se vuelve una sólida institución con sus "órganos de control": crimen organizado, clase política y oligarcas/caciques, con atributos de una trinidad pues son tres actores que en esencia son un ente unificado que se retroalimenta. Lo llamativo es como este fenómeno es una cotidianidad en los estado-nación débiles, pues sus miembros no se ocultan ni intentan camuflarse, por el contrario exhiben los atributos de su "actividad" e incluso están consagrados en la cultura popular siendo aceptados de facto, y su principal labor es mantener el "estado débil" para nutrirse del mismo, es por ello que los personajes se exhiben como modelos de éxito.
La obra alude al elefante en la habitación de tal clase social, y como son vistos tanto por quienes aspiran a sumarse a ellos, como quienes los rechazan o ignoran.
La obra ejecutada en óleo sobre lienzo, revela dos figuras surrealistas en un fondo oscuro. A la izquierda, una criatura de aspecto monstruoso con cabeza de tiburón, dientes afilados y un vientre abultado, presenta una máscara humana en un palo. A su lado, una figura femenina de formas voluptuosas y una cabeza que evoca un cerebro, con un rostro incrustado y los ojos vendados, exhibe una cerradura en el torso y una llave en la espalda. Un edificio clásico se erige discretamente en la penumbra central, añadiendo un elemento arquitectónico a esta composición enigmática.
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