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Galateas en metamorfosis (3)
GALATEA 3 ( EXUBERANTE Y FRAGIL )
No es mármol ya, ni sueño tallado en frío,
ni eco de cincel que calla su latido.
Soy arcilla viva que se quiebra en dos:
una diosa que nace… y se deshace al sol.
De semiperfil me alzo, altiva y desnuda,
con las manos en jarra sobre cadera ruda,
piel hendida en surcos de luz y de duda,
como si el tiempo mismo me hubiera mordido.
Cabeza baja, ojos sellados al mundo,
boca cerrada que no pide ni responde.
Sobre mi testa, una diadema sin trono:
no de reina que manda, sino de quien se asombra.
¿Quise ser humana?
¿Quise ser amada?
¿O era más dulce el silencio eterno
de la piedra intacta,
donde el deseo no araña,
donde el amor no se marchita?
Ahora soy exuberancia y fisura,
fuego y grieta, belleza y locura.
Mi cuerpo, un himno de curvas y sombra,
mi alma, un temblor que no halla su forma.
El rictus no es ira, es vértigo hondo:
el peso de elegir entre ser y estar,
entre el abrazo que quema y el mármol que salva,
entre la carne que muere… y la estatua que calla.
Y aunque me alzo con fuerza de montaña,
soy frágil como el alba que me nombra:
porque amar es romperse,
y ser humana…
es elegir cada día
dejar de ser diosa
para ser, simplemente,
amada.
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