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El dualismo que se manifiesta, es la fuerza y el poder del principio masculino frente al poder del principio femenino. En esta contienda y en este combate, no hay vencedor ni vencido. En la imagen las fuerzas están repartidas, y se han equilibrado, y neutralizado una a la otra.
El contexto es un patrón regular estructurado de triángulos, que obedecen un orden en que hay solo dos alternativas o posiciones, a saber: la pirámide hacia arriba y la pirámide hacia abajo. La correspondencia grafica es clara y evidente. Los triángulos en un plano abstracto, transitan en un nivel de una definición mayor, a los respectivos órganos sexuales humanos.
Añadiendo énfasis a los opuestos, un primer orden piramidal abraza el color blanco (principio masculino/fuego) y un segundo orden piramidal abraza el negro (principio femenino/agua). La dialéctica es clara. El patrón solo acepta dos categorías ontológicas, particularmente en el centro de la composición. No obstante, cada celda del patrón, va avanzado o retrocediendo desde lo apolíneo hacia lo dionisiaco y viceversa.
Los iconos muestran un compromiso mayor o menor respecto a la categoría ontológica. En tres planos planos de definición (determinación). El primer icono es figurativo, el segundo incono es abstracto (blanco y negro), y tercero, utiliza el gris. y es negativo respecto a los otros dos planos (alteridad). Las celdas grises se desarrollan desde la casi desintegración, que incluso pierde sus limites y se desmaterializa, en una deformación, en una ambigüedad cada vez más difusa, que predomina particularmente en el perímetro de la composición. Y que paradójicamente, vuelven en la arena del centro y del reloj de arena.
El reloj de arena es el movimiento pendular del poder, en que las fuerzas masculinas y fuerzas femeninas se van alternando cíclicamente unas a otras, un baile de determinación e indeterminación.
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