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Es un grito silencioso, pero poderoso que emerge desde las profundidades. La Reina de los océanos busca escapar de los tentáculos del poder masculino. Su penetrante mirada se colma de lágrimas, pero su corona de mitocondrias le otorga la energía necesaria para dominar la frialdad de Neptuno y recargar su fuerza para proteger su vulnerabilidad. En sus manos sostiene la cabeza del Dios Neptuno, a quien temió alguna vez. Ahora, ella y su poder azul nacido del agua, la revelan por fin como lo que siempre fue: una DIOSA.
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