El invernadero, el mejor lugar donde aterrizar cuando se tropieza.
Cerca de la tierra, donde mejor se puede depurar el alma.
Debajo de los plásticos somos todos iguales
y se pueden descubrir personas reales.
Aunque exista diferencia de color, religión y creencias,
en ese lugar todos sudamos bajo el mismo sol
y el barro nos ensucia los zapatos.
Psicólogos, colegas y amigos brotan entre las matas.
El verdadero ejemplo de que lo que se siembra, se cosecha.
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