Esta obra está plagada de un dramatismo sobrecogedor, logrado por el fuerte contraste de luces y sombras desde donde parece emerger desde la nada, la imagen de la cruz, en conjunto a el escrito en griego del Evangelio sengún San Juan en su primer capítulo, el cual refiere el personaje de quien se trata esta pintura rebosante de una acentuada carga icónica
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