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La obra explora la nocion del cuerpo como territorio de transformacion. Su verticalidad remite a la presencia y a la tension, mientras el azul profundo sugiere profunidad, fluidez y silencio. Las lineas de color emergen como registros de energia y movimiento, marcando un contraste entre control y espontaniedad. La pieza se situa en un estado intermedio: ni figura ni objeto, sino proceso.
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