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Bajo el cielo del atardecer, la farola se enciende puntual en la calle tranquila. Su luz ilumina la acera vacía y las fachadas tranquilas de las casas, donde algunas ventanas empiezan a mostrar sus luces de interior. Esta escena cotidiana captura ese momento mágico en que el día se va despacio y la noche aún no ha llegado del todo. La calma se respira en el aire fresco del anochecer.
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