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Esta obra es una inmersión cruda en el surrealismo visceral. Representa una masa informe y orgánica de la que brotan brazos y rostros contraídos en una expresión de desespero absoluto. De sus ojos emana un llanto de sangre que desciende hasta el suelo, donde, en una paradoja macabra, sirve de sustento para regar unas pequeñas flores y setas que crecen en la base.
He buscado explorar la idea de que el sufrimiento humano a menudo alimenta procesos externos, creando un ciclo de vida que nace directamente del dolor. Es una pieza cargada de fuerza matérica y una narrativa psicológica perturbadora, ideal para coleccionistas de arte contemporáneo que buscan obras con un trasfondo existencial profundo y una estética transgresora.
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