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Una superficie intensa donde el color anaranjado irrumpe sobre capas terrosas y verdes, como si la pintura hubiera sido desgastada por el tiempo. Las texturas y salpicaduras evocan óxido, lluvia y memoria, creando una sensación de materia viva que se transforma y resiste. La obra sugiere un paisaje abstracto donde la fuerza y la decadencia conviven.
Mi trabajo se mueve entre la abstracción y la expresión, buscando transmitir sensaciones más que representar realidades. Cada trazo, cada textura y cada contraste de color nace de la necesidad de explorar lo invisible: aquello que sentimos, pero no siempre podemos nombrar.
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