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La pintura muestra una superficie dividida en dos campos de color y textura. A la izquierda predomina un blanco áspero y claro, mientras que a la derecha aparece un verde profundo con vetas verticales. En el centro, una grieta vertical se abre paso como una cicatriz entre ambos lados. De esa grieta emerge una forma irregular de color óxido, con ramificaciones que evocan raíces o pequeñas ramas que se extienden hacia los lados.
La composición sugiere una frontera entre dos espacios o estados: lo claro y lo oscuro, lo seco y lo húmedo, lo neutro y lo vivo. La línea oxidada funciona como un elemento orgánico que parece crecer dentro de la ruptura, transformando la grieta en algo casi natural, como si la pared estuviera brotando desde dentro.
Mi trabajo se mueve entre la abstracción y la expresión, buscando transmitir sensaciones más que representar realidades. Cada trazo, cada textura y cada contraste de color nace de la necesidad de explorar lo invisible: aquello que sentimos, pero no siempre podemos nombrar.
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