La Crítica: Jinsheng You
May09

La Crítica: Jinsheng You

La abrumadora producción de Jinsheng You se degusta con placidez: paisaje en vertiente romántica, fantástica o postimpresionista; bodegones y flores, con especial pasión por los nenúfares; y cuadros abstractos en los que parece descomponer las formas de sus paisajes y bodegones jugando con los colores y la luz. El paisaje de Jinsheng You El XIX fue la época dorada del paisaje. Por fin, este género se ganó el favor de críticos y diletantes que, hasta ese momento, lo veían como un género de segunda categoría. Turner o Constable en el Reino Unido, Friedrich en Alemania o Corot en Francia mostraron el camino que luego seguirían (a su manera) los impresionistas. Jinsheng You no pierde de vista a los grandes maestros del XIX en sus paisajes realistas. Con un toque romántico que lo emparenta a nivel emocional con el paisajismo británico, el artista chino convierte a la naturaleza en un tótem al que alabar. Sus series Splendid Snow Mountain, Dawn of the Lake o Winter Morning son una buena muestra de este paisaje melancólico, ensoñador y crepuscular. El uso de los dorados y el estudio de los reflejos en el agua recuerdan, en buena medida, a Turner. Pero Jinsheng You no piensa detenerse en su reinterpretación del Romanticismo. Sus series When Spring Comes o Summer in the Village cambian de estilo para experimentar con el postimpresionismo. Es entonces cuando el joven artista asiático se viste de Van Gogh, Cezanne o Gauguin y nos entrega un paisaje menos emocional y más plástico en el que dominan los tonos verdes y la bidimensionalidad. Y un detalle: una pequeña figurita, a menudo vestida de rojo, es la nota figurativa común en muchos de estos paisajes. Por último, dentro del género paisajístico, Jinsheng You sorprende con una serie menos académica y más personal: el paisaje fantástico de su serie Wonderland. Casi siempre protagonizados por animales blancos como corderos o caballos, en Wonderland encontramos desde el paisaje clásico de cierto aire romántico hasta el paisaje onírico lindando ya con la abstracción. Un mundo de maravilla en el que el artista chino da rienda suelta a su imaginación. Nenúfares Resulta inevitable referirse a Monet cuando vemos un cuadro de nenúfares. A buen seguro que Jinsheng You se ha acercado al Museo de la Orangerie (y si no lo ha hecho, lo hará) para deleitarse con los nenúfares más famosos de la historia del arte. El pintor asiático coincide con el viejo Monet en acudir a un motivo que ofrece al pintor la posibilidad de estudiar la luz y el color en un escenario de sabor onírico. Un nenúfar flotando en el agua, entre bruma y recuerdos,...

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La Crítica: Fausti Adán
May03

La Crítica: Fausti Adán

Decíamos en la crítica de la obra de Bet Calderer que las miradas y los rostros son como una puerta que se abre hacia el alma. Nos gusta mirar a los ojos para descubrir más rápidamente qué esconde nuestro interlocutor. Los ojos son la vía de comunicación más directa, pero no la única… También está el movimiento y la actitud. La pintura de Fausti Adán investiga el gesto y el movimiento femenino. El rostro suele estar oculto o no expresa. En la obra de Adán, el detalle es que el que enseña. El arte del movimiento De nuevo, la danza: esa disciplina artística orgullosa, a menudo altiva, pero solitaria, melancólica e incomprendida. La danza, como la música, expresa sin señuelos, no necesita palabras bonitas ni imágenes impactantes, va directa al corazón… o no va. La danza, como la música, tiene ese punto de abstracción que requiere en el oyente o en el espectador un poco de actitud, debe abrirse para que el estímulo cumpla su propósito. Danza Roja y NYCDance son dos obras que tratan de atrapar la plasticidad del movimiento de una bailarina. En uno de ellos, la mujer está de espaldas, en el otro, el rostro está concentrado. Lo que impacta al espectador es la plasmación de ese instante de tensión en el que la bailarina alcanza el punto culminante de un paso. La levedad un cuerpo que expresa por sí mismo, sin aditamentos. En ambos óleos, Fausti Adán aplica la misma composición: el cuerpo ocupa el centro del cuadro, el rojo del vestido y la piel destacan ante un fondo neutro en tonos oscuros. El color utilizado genera una sensación de escorzo que ayuda a que el movimiento de la bailarina vibre y no se detenga. La mujer en el mundo, en la historia La historia la escriben los que ganan. Y los que han ganado (casi) siempre han sido hombres. La mujer siempre estuvo ahí, pero no ganaba, ni perdía; el juego no era para ellas (según los que hacían las reglas). Pero la historia va a cambiar, como sucede en Invictus: una mujer descansa tras la batalla, con la mirada perdida en la contienda y la sangre de los derrotados en las manos. En el tablero de la guerra, la mujer también juega. Invictus es una rareza en la producción de Fausti Adán, puesto que los ojos y los labios son el punto de fuga en el que converge el mensaje. En Japonesa, India o Mantra, el rostro vuelve a estar oculto y es la actitud y el gesto el que transmite la energía del cuadro. Japonesa es delicada. Mano y nuca desnudan un...

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La Crítica: Bet Calderer
Abr24

La Crítica: Bet Calderer

Un rostro, una mirada. ¿Por qué nos miramos a los ojos? La mirada es una puerta que se abre hacia el alma, es el indicio de lo que hay más allá, de lo oculto. Las palabras, a menudo, se dirigen hacia un lugar, y los ojos a otro. Porque las palabras se prestan al engaño, pero a las miradas no les gusta la farsa. En la pintura de Bet Calderer las miradas dicen «sí», dicen «no»; revelan muerte y vida; hablan sobre la poesía y la verdad. El rostro de los ángeles En Dos ángeles, la mirada está ciega y las alas rojas, el lienzo llora. Al fondo, una galería medieval y un cielo apocalíptico que anuncia malos augurios. El mundo ha cerrado los ojos pero su sueño se ha convertido en pesadilla. En Ángel II, la mirada llena el cuadro. Es una mirada fija, fría pero intensa, que aturde y excita y que casi obliga al espectador a bajar los párpados y admitir el pecado. ¿Es el ángel exterminador? La angelología de Bet Calderer continúa con Ángel III. El espectador puede descansar porque la mirada del ángel se dirige hacia otro lado. Es un rostro andrógino, clásico, que se muestra melancólico, tal vez cansado de interceder por los hombres. Y las figuras de Ángel IV miran hacia el cielo y lloran sangre. Temen la cólera divina. Y sufren por nosotros. En su colección de ángeles, Bet Calderer exhibe su talento pictórico y sus inclinaciones temáticas. En los rostros, la pintora catalana saca a relucir su destreza para el dibujo. En cuanto al color, apuesta por la economía y el contraste, con un tono dominante que apoya el efecto del cuadro: azul melancólico, rojo violento, etc.  En los fondos, por su parte, Calderer explota su vena mística y abstracta. El rostro de la danza Diseñadora y escenógrafa teatral, Bet Calderer nos regala una serie que homenajea a grandes nombres de la danza contemporánea además de algunos personajes de ficción. Usando carboncillo y acrílicos sobre papel acuarela, la serie Retratos de la danza es un juego de miradas sobre el genio artístico. Sergei Polunin, el principal más joven que logró tal estatus en el Royal Ballet de Londres nos mira displicente y coqueto, mientras una mano retoca su ojo antes de salir al escenario. Por su parte, Jorge Donn, de la compañía de ballet  Maurice Béjart, sueña mirando al cielo. Y Plitsetskaya mira de soslayo, con el deber cumplido. Y la Carmen, que es pasión roja, animal herido y astucia mundana. Rostros anónimos y abstracciones La colección de Bet Calderer se completa con sus coloristas rostros anónimos, acrílicos de mayor...

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La Crítica: Jordi Torrent Colomer
Abr05

La Crítica: Jordi Torrent Colomer

La soledad de una bicicleta con el último sol de la tarde, el silencio de una biblioteca, el bullicio de una terraza, el romanticismo meciendo una góndola… Jordi Torrent es un observador certero que plasma con elegancia el sedimento que transpira la vida ante nuestros ojos. Habilidoso dibujante y de ingente producción, sus obras han cosechado innumerables premios, especialmente de pintura rápida, su gran amor. Pintar la vida pasar Desde que el ser humano fue consciente de sí mismo siempre ha tenido el anhelo de atrapar la vida en imágenes. Ese anhelo se transformó en obsesión en la segunda mitad del s. XIX, cuando una serie de pintores reaccionaron contra el academicismo para «impresionar» la vida. Aquel estilo ha sabido conectar con el gran público como ningún otro en la historia reciente del arte. Jordi Torrent ha consolidado su trayectoria artística partiendo de las máximas del impresionismo, una pintura melancólica que se debate entre la viveza del instante y la nostalgia del (inexorable) paso del tiempo. Por eso conecta tan bien con el público, porque no exige un a priori estético: se trata de degustar la vida en un lienzo, sin necesidad de manual de instrucciones. Pero como la poesía más desnuda, que es capaz de activar nuestra memoria más íntima, la obra de Jordi Torrent nos trae recuerdos… a cada uno, los suyos. Dos bicicletas aparcadas en una plaza con un mercadillo (Torroella) nos ofrece la brisa del verano, el pantalón corto, el paseo y el olor de la fruta fresca. ¿Cómo no viajar atrás en el tiempo y (re) visitar la plaza del pueblo, escuchar a los paisanos regatear con los comerciantes y sentir el aroma de la placidez? Y el mar (Caloret). Qué fácil es escuchar el rumor de las olas, el bullicio de los niños y sentir el agua en nuestros pies en uno de tantos veranos. Pero la vida no solo transcurre lenta y sosegada, también acelera los lunes, en los pasos de peatones de las grandes ciudades (Día de trabajo). Entonces sentimos el metro, la corbata en el cuello y el pitido de los coches con prisa. Y se oscurece. La soledad de un cigarrillo a medio fumar nos despierta sensaciones de agridulces, de final de noche, de vuelta a casa en penumbra (He dejado de fumar). Pintura rápida que se degusta lenta Con casi un centenar de premios, Jordi Torrent es un pintor con un merecido reconocimiento. Su afición a la pintura rápida le ha dado muchas satisfacciones. Esta modalidad exige por parte del artista un sexto sentido para la selección del motivo. En la mayoría de ocasiones, el paisaje es el...

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La Crítica: Juan Gallardo
Mar27

La Crítica: Juan Gallardo

Fue el primer cuadro que busqué cuando entré en el museo. Desde mis años de estudiante fantaseaba con la posibilidad de admirar aquel óleo con el que el joven Picasso había cambiado la historia del arte. Y cuando por fin lo tuve frente a mí, quedé absorto durante unos segundos. Luego, la foto de rigor y a seguir disfrutando del museo… Las señoritas de Avignon es algo más que «otro» cuadro de Picasso. Es «el» cuadro. No sé si Juan Gallardo opinará lo mismo, pero el artista andaluz cuenta con una controvertida versión del clásico de Picasso. Porque lo de Picasso es ya un clásico y, de vez en cuando, hay que revisitar los clásicos. Los señoritos de Avignon y otras versiones Picasso sabía que estaba ante algo grande en su trayectoria y por eso eligió un formato tan amplio. Ingres, Cézanne y tantos otros estaban un su retina cuando afrontó la temática: un grupo de mujeres que se muestran desnudas al espectador de forma más o menos impúdica. Pero lo que convirtió al lienzo de Picasso en un clásico fue el estilo elegido, entre al africanismo y el primer cubismo: el mundo del arte había cambiado, llegaban las vanguardias. Juan Gallardo no ataca el cuadro de Picasso a nivel formal, sino desde el  punto de vista temático. El arte cambia porque cambia la vida y Avignon sin señoritas le toma el pulso a una sociedad en la que el hombre desnudo también se muestra, también se vende. Con un punto de humor y otro de reivindicación, Gallardo coloca a cinco hombres en actitudes abiertamente sensuales, incluso uno de ellos muestra su bíceps. Los rostros no importan, tampoco en realidad los cuerpos, abocetados; lo que importa es la actitud y el efecto que esta crea en el espectador. Avignon sin señoritas es, tal vez, el cuadro más apetitoso de Gallardo, pero no es la única versión de los clásicos. Como Picasso (y otros miles de artistas a lo largo de los últimos siglos), el pintor cordobés también siente admiración por Velázquez y otros artistas del prestigioso Barroco español. Gallardo acude a una de las figuras de las celebérrimas Meninas (en este caso, la Infanta Margarita) para mostrar sus inclinaciones formales: una reinterpretación del cubismo clásico a través de facetas que dan forma a las figuras y que en los fondos se acerca a la abstracción. Gallardo no está interesado en los detalles, sino en el efecto estético que crea la obra, para lo que también pone mucho interés en las armonías de colores. En este sentido, llaman la atención dos cuadros de santos. Por un lado, San Francisco de...

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