«Cada niño es un artista, el problema es cómo seguir siendo artista al crecer». Son palabras del adulto Picasso al que le llevó toda una vida «pintar como un niño». El niño Salomoni escuchaba los cuentos de hadas de su padre mientras pintaba. Muchos años más tarde, el adulto Salomoni decidió que la medicina era cosa de mayores y se entregó a su pasión de niño: la pintura.

Haciendo tortellini con los recuerdos

Su abuelo Lino y su tío Tito también fueron pintores. Su padre, carpintero. Oficios manuales y creativos que influyeron en los primeros años de la vida de Carlo Salomoni (Ferrara, 1956). Con 8 y 9 años comenzó realizando reproducciones de los impresionistas franceses. Pero Salomoni, como todos, tuvo que empezar a pensar en su futuro, y se enroló en Medicina y Cirugía, estudios superiores que terminó.

«El apoyo de mi mujer ha sido crucial para el desarrollo de mi carrera artística puesto que me animó a dedicarme exclusivamente a la pintura». En 1991, Salomoni deja el bisturí, y recoge el pincel. Y comienza a dibujar recuerdos, sueños y anhelos.

RAVIOLI TOYS, Carlo Salomoni

RAVIOLI TOYS, Carlo Salomoni

En Ravioli Toys o Juice Toys vemos a un niño con actitud reconcentrada trabajando con el material más serio que existe (para un niño): el juguete. Soldaditos de plomo, peluches, tanques… Todo pasa por la licuadora para transformarse en el elixir de la eterna infancia. Un traguito cada mañana es la mejor receta para no olvidar que un día fuimos niños que no tenían que pagar facturas ni sabían qué era una suegra.

«El arte es como un regalo que me permite mantener el diálogo con mi “niño interior”. Gracias al arte he podido mantener el contacto con el mundo de los sueños y la imaginación de mi infancia».

La infancia es uno de los estímulos más evidentes en la obra de Carlo Salomoni. Pero hay más.

El cirujano metafísico, Carlo Salomoni

El cirujano metafísico, Carlo Salomoni

El Cirujano metafísico

Ese es el título de una las obras más elocuentes del artista italiano. El autómata que protagoniza esta pintura sobre tabla nos lleva a los inicios del siglo pasado cuando los hermanos De Chirico daban forma a una corriente dentro de las vanguardias italianas: la pintura metafísica.

El futurismo es una convulsión en la Italia artística. Abre una vía a la experimentación que Giorgio De Chirico (Grecia, 1888 – Roma 1978) aprovecha para dirigirse en otra dirección. Del fragor y el movimiento de la máquina, a la soledad y la inquietud de las plazas vacías. Una niña que juega, una sombra que crece y un maniquí que cobra vida. De Chirico agita a los jóvenes surrealistas que dan forma a un estilo que cambia la historia del arte del siglo XX.

Salomoni no oculta sus influencias, ni siquiera en el título. Pero esta es una obra muy personal, un cirujano  autómata que opera a una persona dormida, un tratamiento a base de belleza y arte que cura el alma. La obras más ‘metafísicas’ de Salomoni no inquietan ni apabullan como las de De Chirico, pero tampoco lo pretenden. Sus sueños están más cerca de la fantasía que de la pesadilla.

Convivio de las lunas, Carlo Salomoni

Convivio de las lunas, Carlo Salomoni

Viento, empújame lejos

Son ya 25 años de carrera profesional y Carlo Salomoni ha tenido tiempo para dar forma a un estilo propio. Un estilo en el que abundan las lunas, los cuentos y los juegos. Nos podríamos quedar durante horas soñando obras como Las lunas de mi cielos inmensos o Convivio de las lunas tema que, según el artista, «representa el mundo de los sueños y la conexión entre nuestras energías y las del universo”. Pero uno de los aspectos más positivos de la obra de Salomoni es que no necesita una guía de interpretación para ser disfrutada.  Sus cuadros confortan, mecen suavemente hasta hacernos soñar.

EN EL CORAZÓN DE LA GRAN MANZANA (En la memoria del 11 de septiembre), Carlo Salomoni

EN EL CORAZÓN DE LA GRAN MANZANA (En la memoria del 11 de septiembre), Carlo Salomoni

No obstante, en otros casos como sucede en En el corazón de la gran manzana concretiza su mensaje para hacer referencia a un suceso contemporáneo, siempre desde una óptica surrealista. O juega con el observador en cuadros como Un rival extraño, con su cruce de miradas y reflejos eróticos.

En suma, la producción de Carlo Salomoni satisface por haber logrado un discurso personal partiendo de voces ajenas conocidas por todos. El niño que todavía patalea en nosotros disfruta empujado por el viento que sopla Salomoni, atravesando océanos de nostalgia hasta encallar en el arrecife del alma.

 

¿Quieres conocer mejor a Carlo Salomoni y su obra? Puedes visitar su taller a través de la entrevista que le realizamos o ver toda su obra en su galería.