Un veinticinco de marzo de mil novecientos cincuenta y ocho, en una mañana cargada de viento,
esperanza y sufrimiento, mi madre me hizo ver la luz en su propia casa.
Hoy, donde vivo, y cincuenta años después, se escapó de mis manos su vida entera.
Ahora, que decidí dejarlo todo para dedicarme a ella, me falta el aire, piso la tierra, le imploro el agua
y busco la luz, por donde sea.
Las imágenes, las formas, las palabras, mi necesidad de transmitir un pensamiento son los útiles...
Ver más información de Carlos de la Encarnación Artista