© Todos los derechos reservados
El dibujo es gestual, de trazo libre y nervioso, con una marcada acumulación de líneas que remite al ritmo y a la improvisación musical. No hay contornos cerrados ni anatomía estable; la forma se desarma y recompone, como una melodía que se transforma en cada ejecución. La trompeta —más sugerida que representada— actúa como dispositivo de tránsito, conectando rostro, cuerpo y respiración.
La paleta cromática se apoya en tonos terrosos, rojizos y ocres, asociados a lo orgánico y visceral, interrumpidos por acentos de color que funcionan como notas agudas dentro de una composición sonora. Estos contrastes generan tensión y dinamismo, reforzando la idea de una música que no busca agradar, sino exigir escucha.
Desde una lectura conceptual, la obra propone una música “solo para entendidos” no como gesto elitista, sino como experiencia interna, inaccesible a una lectura superficial. El trompetista se multiplica porque la música lo atraviesa y lo fragmenta: cada rostro es una voz, cada trazo un registro, cada mancha una respiración.
En conjunto, la obra se sitúa en una poética expresionista contemporánea donde imagen y sonido se funden. No se trata de representar al músico, sino de hacer visible la música como estado mental, corporal y emocional, invitando al espectador a una contemplación atenta, casi auditiva, del acto de crear.
Ver más información de Federico Sebastián Kermen