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La mujer, valiente y comprometida, sostiene sobre su cabeza una lámpara que no pesa, la eleva. Representa la fuerza, la responsabilidad y la energía de quien brilla con luz propia. Su mirada ilumina todo lo que ve y todo lo que toca porque donde van los ojos, van las manos, y donde van las manos, está el corazón. En ella, la luz no proviene del exterior: nace desde adentro, como una llama que guía, crea y transforma, revelando su presencia, su sabiduría y su poder creador. Sus guantes, rodeados de perlas resguardan la suavidad y el poder de su tacto. Las perlas —símbolo de pureza y sabiduría— se convierten en pequeños puntos de luz, recordando que la verdadera fortaleza también puede ser delicada. "LA VERDADERA LUZ NO SE ENCIENDE SE NACE CON ELLA, ELLA TIENE LUZ PROPIA"
Nacida en el histórico Barrio de las Letras de Madrid, Alicia de la Güida aprendió desde niña que el arte podía ser refugio, espejo y salvación. Su mirada, distinta y profunda, veía belleza donde normalmente sólo hay rutina. Alicia pinta la belleza que vibra, la que nace de la emoción, del caos, de la pasión y de la búsqueda constante de armonía. Porque, como ella misma afirma y encarna en cada creación...
SÓLO CON PASIÓN SE PUEDE SER ORIGINAL
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