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Por los pasillos del Palacio Ducal de Venecia aparece una bellísima dama, una diosa barroca del deseo y del misterio, envuelta en encendidas sedas y joyas misteriosas, detrás la sigue Casanova. Su mirada protegida por una máscara invita y desafía a la vez, jugando con la dualidad entre lo que revela y lo que oculta. Las perlas serpentean por su cuerpo jugando con sus pechos, donde lleva engarzada una araña que tejerá una red de poder femenino, seducción y dominio. Es una mujer que controla la escena con elegancia letal y con una teatralidad que convierte la seducción en puro arte.
Nacida en el histórico Barrio de las Letras de Madrid, Alicia de la Güida aprendió desde niña que el arte podía ser refugio, espejo y salvación. Su mirada, distinta y profunda, veía belleza donde normalmente sólo hay rutina. Alicia pinta la belleza que vibra, la que nace de la emoción, del caos, de la pasión y de la búsqueda constante de armonía. Porque, como ella misma afirma y encarna en cada creación...
SÓLO CON PASIÓN SE PUEDE SER ORIGINAL
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