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En esta pintura he querido reinterpretar a Marianne desde una mirada contemporánea, como símbolo de una nueva revolución francesa: no la de las armas, sino la de la conciencia, la libertad interior y la fuerza de una sociedad que necesita volver a mirarse a sí misma.
La mirada directa de Marianne no pide permiso: interpela. Nos obliga a preguntarnos qué significa hoy la libertad, la igualdad y la fraternidad en un mundo lleno de fracturas sociales, dudas y cambios profundos. Los goteos negros que atraviesan la obra simbolizan las cicatrices de la historia, pero también la tensión viva de un pueblo que no deja de buscar su verdad.
Esta nueva revolución francesa que he querido expresar no nace de la violencia, sino de una necesidad urgente de renovación moral, cultural y humana. Marianne ya no solo guía al pueblo: ahora lo observa, lo cuestiona y lo invita a despertar.
Su rostro, dividido entre luz y sombra, refleja las contradicciones de nuestro tiempo: fuerza y fragilidad, esperanza y tensión. Los azules hablan de memoria y reflexión; los rojos y rosas, de pasión, vida y resistencia.
Desde hace 30 años intentando buscar de generar emoción a través de mis pinturas en grandes formatos a veces de forma emocional y otras de forma más viva.
Preferencia por dar vida y luz a las miradas intensas para que puedan generar al espectador una atracción especial.
Normalmente utilizo la técnica mixta combinando diferentes pinturas al óleo, plásticas, con aceite y perfilando con carboncillo, pasteles; siempre con la inquietud de buscar texturas que busquen impactar con mas luz y sombras en el cuadro.
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