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Esta pintura representa la ciudad de Jerusalén a través de una trama densa de arquitecturas superpuestas, donde cúpulas y torres se integran en un tejido urbano compacto. La paleta de ocres, arenas y grises suaves unifica la composición y refuerza una atmósfera de calma y silencio. La obra sugiere una Jerusalén atemporal, cargada de memoria histórica, recogimiento y dimensión espiritual, invitando a una contemplación pausada del paisaje urbano.
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