La obra aborda el amor como una fuerza originaria, una chispa recibida sin conciencia, que atraviesa el sacrificio, la adversidad y la aceptación.
En su proceso aparece la depuración del dolor como transformación necesaria.
Noviembre se presenta como un pasaje: el momento en que un árbol puede convertirse en cenizas, pero donde, en ese tránsito, aún son posibles las mutaciones.
Como en la vida misma, la materia no desaparece, cambia.
Galdame convierte lo descartado en lenguaje artístico. A través de pintura gestual y materiales recuperados, su obra investiga la tensión entre ruptura y reconstrucción.
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