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Santa Fe.NM
Silenciosa emerge la roca sagrada,
bajo un manto pálido de mística bruma,
donde la tierra cansada se suma
a la eterna vigilia de la madrugada.
Dos agujas tocan el cielo lejano,
mientras la luna, testigo plateado,
mira el desierto que Dios ha trazado
en el trazo firme de tu sabia mano.
Crecen las yucas cual fieles guardianes,
atrapando luces de un sol que se apaga,
mientras tu pincel el misterio indaga
lejos del ruido y mundanos afanes.
Es la catedral de un mundo sereno,
un portal del alma que rompe el olvido;
el último templo que el tiempo ha querido,guardar
con el sello eterno de un genio duranguense.
Mi nombre es Alberto Thirion y me llaman el pintor más famoso del mundo, lo dicen en broma, pero me gustaba el apodo y lo he tomado como consigna.
El apodo o eslogan nació como consecuencia lógica de una obra titulada La muerte del diablo. Esta es la historia a grandes rasgos, cuando aún era joven exhibía mi obra en compañía de otros compañeros pintores, entre todos los espectadores que por cierto esta vez eran muchos, llegó un muchacho que debía ser rico, para a quien le iban a comprar un cuadro como regalo de cumpleaños.
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