La psicología del arte: la pintura sabe quienes somos
Feb17

La psicología del arte: la pintura sabe quienes somos

Si nuestra intención es descubrir el medio natural de la psicología del arte tendremos que viajar hacia el pasado, cien años atrás, para conocer la vida y obra de Lev Vigotski, el primer escalón de una revolución del arte en el entorno académico que se consumaría décadas después con el reconocimiento de las artes como medios necesarios para la humanidad en conjunto y no solo para una oligarquía artística. Fue en 1920, en la Rusia postrevolucionaria.  Por aquel entonces, Vigotski ya había perfilado la que sería su gran obra iniciática de la que habalaremos más adelante. Para este psicólogo vanguardista, el trabajo había sido el medio que había permitido la evolución desde un punto de vista sociohistórico por lo que la cultura y la riqueza del ser humano radicaban en la ocupación entendida como medio para sentirse más plenos. Para él, la máxima expresión de la civilización era la cultura y el arte.   La máxima expresión de la civilización es la cultura y el arte, para Vigotski. En sus análisis y ensayos, el axioma primordial es la complementariedad de la técnica con la creatividad. Como reconocería él mismo: “todos podemos tener un Rafael dentro de nosotros pero sin las técnicas ni los progresos relacionados, sin una división del trabajo concreta o una organización de la sociedad puede que nunca llegara a desarrollar su potencial”. La psicología del arte de Vigotski Entre 1915-22 escribió su ensayo más conocido. La tesis doctoral sobre Psicología del arte que sentaría un precedente en el ámbito psicológico. Esta obra fue tan polémica en su tiempo porque, por primera vez ,se apelaba al término “inconsciente” para definir el aspecto esencial del arte. Vigotski era consciente del carácter desconocido e incomprensible que tenían los elementos del arte, en su génesis antipragmática. El arte no era útil ni práctico desde una perspectiva Maslowniana. No era una necesidad vital pero, ¿Era acaso una necesidad básica? ¿Era necesario el arte para vivir bien aunque no sea imprescindible para la supervivencia humana? A diferencia de la mayoría de los postulados del psicoanálisis, esta teoría no equiparaba el arte con los procesos inconscientes oníricos sino que el arte se alzaba como un medio para abrirse paso hacia el subconsciente latente del ser humano en plena vigilia. Para Vigotski, la creación artística era “una sublimación de la energía sexual que derivaba hacia la creación en vez de hacia los instintos directamente sexuales”. No estaba tan errado ya que recientemente se ha descubierto que la pintura es una actividad que libera dopamina (es la hormona que proporciona la sensación de recompensa y que está vinculada a la mayoría de las adicciones, incluido...

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Maruxa Mallo, la pintora surrealista de la generación del 27
Feb14

Maruxa Mallo, la pintora surrealista de la generación del 27

La historia la había olvidado pero más de cien años después ha sido recuperada por la iniciativa llevada a cabo en la Biblioteca Pública Ánxel Casal de Santiago de Compostela. Gracias a esto, lees estas líneas hoy ya que, después de investigar, se llega a la conclusión de que esta magnífica artista lo fue desde el primer momento hasta el último de su vida (sin el reconocimiento adecuado). Nacida en Lugo en 1902, ha sido reconocida como la pintora de la Generación del 27 por excelencia, una artista que fue inspiración de poetas e inspirada por poetas. No es extraño que su manera de pintar sea tan lírica como lo fue su apasionante obra. Nos acercamos tanto a sus lienzos más representativos como a la persona que está detrás del arte. La obra de Maruxa Mallo: desde Lugo hasta el Reina Sofía Surrealismo, cubismo y expresionismo confluyeron en una de las artistas que están obteniendo más reconocimiento ahora del que lograron en toda su vida y, por supuesto, del que consigueron después de su muerte. En su obra se denota la ideología de la artista, sus preocupaciones y aversiones. Es el caso de la religión o la militarización, el rol de la mujer, la sociedad, la ideología política y la pobreza. Todo ello queda plasmado en obras como La Verbena (1927). En este óleo sobre lienzo muestra su devoción por el surrealismo y la sátira. Una curiosidad con respecto a esta pintura es que la muestra de la autora fue organizada por Ortega y Gasset.  Dos años después, exiliada en Argentina, contemplaría la que para ella sería la obra que definiría perfectamente lo que es el arte del pueblo. Se trata de su pintura al óleo Canto de Espigas (1929). Esta sería solo la primera de todas las obras que crearía en el país sudamericano ya que su exilio duraría un cuarto de siglo. De esta huida surgirían obras como Cloacas y campanarios (1932), una obra marcadamente surrealista que muestra la vertiente más macabra de la artista. También será la más oscura, la etapa de posguerra.  Su evolución entre obras como la anteriormente citadas hasta Airagu (1979) o Máscara tres-veinte (1979) es brutal hasta el punto de que su estilo marcadamente surrealista, primero, o tenebrista, después, se convierte en una obra rompedora, figurativa y simbólica. Del punto de partida con influencias de artistas como Picasso o Dalí, surge un Ave Fénix inimitable que diseña una miscelánea geométrica y colorista, un mejunje muy alejado del estilo barroco que la vio nacer como pintora. Su evolución se ha calificado por muchos como transgresora pero, desde luego, va más allá de la transgresión. Es un grito...

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William Blake, el artista pionero que murió pobre
Ene27

William Blake, el artista pionero que murió pobre

“El que se alimenta de deseos reprimidos, finalmente se pudre”. –  William Blake. Te conocí no hace ya tiempo, en un exposición abierta en Caixa Forum Madrid. Hasta ese momento, solo sabía que habías escrito poesía hacía un par de siglos y, desgraciadamente, ni siquiera estaba al tanto de este dato porque hubiera leído nada tuyo sino, más bien, porque un músico zaragozano te había incluido en uno de sus temas y me había interesado en la adolescencia por ese grupo y, por extensión, por ti. Fue en una de sus salas dónde contemplé a un visionario que puso sus manos sobre las llamas del infierno de Dante para mostrar algunos de los bocetos, grabados y acuarelas más estremecedores y extrañamente decimonónicos que había visto nunca. Hasta que descubrí que Blake había nacido a mediados del siglo XVIII no fui consciente de hasta qué punto el legado pictórico era tanto o más notable que su aportación a la poesía. Ahora es el momento de que tú también descubras a uno de los pioneros del arte del siglo XIX. El alumno de Durero, Miguel Ángel y Rafael Es casi imposible que la pintura del siglo XVIII estuviera desvinculada de la religión y, por supuesto, en el caso de William Blake (1757 – 1827) no habrá excepción alguna. ¿O si? A un universo propio del que ya da buena cuenta en su faceta poética se suma el gusto por dar una imagen del cristianismo bastante alejada de la virginal postura de sus predecesores. Blake explora la religión a través del simbolismo mediante un uso de la luz y el color que no tienen nada que envidiar a la de los pintores que vendrían después. Su pintura parte del manierismo para adentrarse en nuevos subterfugios y podemos atrevernos a decir que el grado de simbolismo alcanza cotas insospechadas que solo se volverán a ver a partir de finales del siglo XIX. En cierto modo, la ilustración del siglo XX es una revisión de las creaciones de grandes autores como Blake. Tampoco es difícil entender las primeras etapas de Picasso o del mismísimo Dalí después de haber contemplado una exposición completa del polifacético artista. William Blake en algunas pinceladas Ilustraba las publicaciones de otros pero nunca las suyas Nunca se lanzó a hacerlo con sus poemarios “Iluminados” y “No Iluminados”. Sin embargo, fue el ilustrador de Mary Wollstonecraft, Edward Young o John Milton. Gran parte de sus obras pictóricas tienen que ver con una promesa inacabada Más que una promesa era el sueño de Blake. Se trataba de ilustrar una edición de “La Divina Comedia” de Dante. Nunca la consiguió terminar debido a que...

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Montserrat Gudiol, la primera pintora académica catalana
Ene09

Montserrat Gudiol, la primera pintora académica catalana

“A veces el cuadro está exigiendo algo. Parece irreal o absurdo, pero es así, el cuadro te pide, te ves forzado por él, manda más la obra que tú misma”. -Montserrat Gudiol. Como todos los niños, la pequeña Montse admiró a su padre desde siempre y, en ocasiones, le observaba mientras trabajaba. Esto no hubiera tenido mayor relevancia de no ser porque su padre era arquitecto y crítico de arte. Y, aunque el mérito es completa y absolutamente de Montserrat Gudiol (1933) por su obra, la historia del arte se hubiera perdido una estrella en el firmamento de no haber sido por este pequeño detalle. Corría la década de 1940 cuando esta catalana de Sant Adrià de Besòs (Barcelona) comenzó a pintar y, por aquel entonces, que una mujer se dedicara a la pintura profesionalmente era un acto de rebeldía. Pero, como se suele decir, “She did it“. Esta es la apasionante vida y obra de la que posiblemente sea una de las cinco pintoras más relevantes en la península en el siglo XX. Montserrat Gudiol, pintora académica catalana y pionera Montserrat aprendió a pintar como aprenden aquellas personas en las que no cree nadie; por su cuenta. Se formó de manera autodidacta durante años (después sería adoptada como pupila en el taller de Ramón Rogent) y a la edad de 17 años tuvo su oportunidad cuando expuso en el Casino de Ripoll. Su gran oportunidad llegaría en una exposición colectiva en Estados Unidos en 1964. Su obra destacó entre grandes artistas de su tiempo como era el caso de Tàpies. No fue hasta 1970 que crearía su gran obra Sant Jordi que a día de hoy es una de las grandes pinturas del arte catalán contemporáneo. Por si fuera poco, Montserrat Gudiol se granjeó el beneplácito de la burguesía catalana hasta tal punto que, en la década de los setenta, fue la más popular de entre todos los artistas para colecciones particulares. Su fama se extendió hasta su muerte el pasado 25 de Diciembre de 2015. Sant Benet, Sant Jordi y Maternidad Azul, la Trinidad de Montserrat Gudiol Su primera gran obra fue compuesta en 1964 en una España convulsa que se preparaba para la transición, aunque no fuera consciente y aunque sus figuras nunca tuvieron un simbolismo, lo cierto es que el rostro hierático de la obra de Sant Benet (1980) que se asemeja a una máscara con la que se recubre la oscuridad del ser, bien podría ser una expresión extrema de su tiempo. Sant Jordi arde en este cuadro del que se desprende la voracidad del color sobre la figura humana. Gudiol era una amante del surrealismo al...

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Accionismo Vienés: el arte de lo macabro de Otto Muehl
Ene05

Accionismo Vienés: el arte de lo macabro de Otto Muehl

Hablar de accionismo vienés sin mencionar a Otto Muehl es como referirnos al cubismo sin que lo protagonice Picasso. El oriundo de Austria fue temido por muchos, odiado por otros y alabado por medio millar de individuos. Esas 500 personas fueron los artistas que conformaron el denominado accionismo vienés. Este movimiento que germinó en plena posguerra se nutría de las frustraciones de un pueblo roto. A día de hoy, esta corriente contracultural y artística ha sido olvidada por todos aquellos que no están vinculados al arte a pesar de que su impacto sobre el arte y sobre la sociedad fue tal que traspasó fronteras. Otto Muehl: una vida de nazismo y accionismo vienés Aunque pocos medios de comunicación lo comentan, Otto Muehl fue nazi antes que artista. O puede que el accionismo vienés no fuera más que nazismo mal entendido. ¿Quién sabe? El caso es que este vienés fue llamado a formar filas en 1943 y sirvió como teniente de las fuerzas alemanas en 1944. Por si quedaban dudas de su ideología previa, estudió enseñanza alemana después de que finalizara el conflicto bélico. La utopía de Muehl después del accionismo vienés; la comuna de Friedrichshof Otto Muehl era un tipo raro, de rasgos porcinos y mirada turbia. Tan turbia como la acusación que recayó sobre él durante los años de máximo apogeo del accionismo vienés. Resultaba que el angelito era un pederasta y por ello tuvo que cumplir una pena de siete años. No obstante, hay que reconocerle algo; el dadaísmo al lado de la comuna de Friedrichshof era un jardín de infancia. El tímido grito al amor libre de algunos como Bretón se convirtió en una algarabía en esta ocasión. Con el propósito de resucitar ese accionismo vienés que sobrevivió durante menos de una década, Muhler creó una búrbuja post-hippie que se manifestaba a favor de la ayuda mutua, la libertad sexual e individual, la democracia directa y la propiedad colectiva. Pero como suele suceder cuando se crea una sociedad (más aún cuando quién la crea es un ex-teniente de las fuerzas unificadas de la Alemania nazi), esta se volvió autoritaria y jerarquizada, alienante y sofocante. La década de Cindy Lauper fue también el declive del sueño del accionismo. Günter Brus, “el otro” accionista Si Otto Muehl fue el gran ideólogo en el accionismo vienés, Günter Brus fue el kamikaze de la unión entre Otto, Hermann Nitsch y Rudolf Schwarzkogler. Y es que ni Muehl transgredió tanto las normas durante dos décadas de accionismo y comuna como lo hizo Brus en apenas un par de años. Concretamente fue el año 1968 el que marcó el fin de la relación...

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