Montserrat Gudiol, la primera pintora académica catalana
Ene09

Montserrat Gudiol, la primera pintora académica catalana

“A veces el cuadro está exigiendo algo. Parece irreal o absurdo, pero es así, el cuadro te pide, te ves forzado por él, manda más la obra que tú misma”. -Montserrat Gudiol. Como todos los niños, la pequeña Montse admiró a su padre desde siempre y, en ocasiones, le observaba mientras trabajaba. Esto no hubiera tenido mayor relevancia de no ser porque su padre era arquitecto y crítico de arte. Y, aunque el mérito es completa y absolutamente de Montserrat Gudiol (1933) por su obra, la historia del arte se hubiera perdido una estrella en el firmamento de no haber sido por este pequeño detalle. Corría la década de 1940 cuando esta catalana de Sant Adrià de Besòs (Barcelona) comenzó a pintar y, por aquel entonces, que una mujer se dedicara a la pintura profesionalmente era un acto de rebeldía. Pero, como se suele decir, “She did it“. Esta es la apasionante vida y obra de la que posiblemente sea una de las cinco pintoras más relevantes en la península en el siglo XX. Montserrat Gudiol, pintora académica catalana y pionera Montserrat aprendió a pintar como aprenden aquellas personas en las que no cree nadie; por su cuenta. Se formó de manera autodidacta durante años (después sería adoptada como pupila en el taller de Ramón Rogent) y a la edad de 17 años tuvo su oportunidad cuando expuso en el Casino de Ripoll. Su gran oportunidad llegaría en una exposición colectiva en Estados Unidos en 1964. Su obra destacó entre grandes artistas de su tiempo como era el caso de Tàpies. No fue hasta 1970 que crearía su gran obra Sant Jordi que a día de hoy es una de las grandes pinturas del arte catalán contemporáneo. Por si fuera poco, Montserrat Gudiol se granjeó el beneplácito de la burguesía catalana hasta tal punto que, en la década de los setenta, fue la más popular de entre todos los artistas para colecciones particulares. Su fama se extendió hasta su muerte el pasado 25 de Diciembre de 2015. Sant Benet, Sant Jordi y Maternidad Azul, la Trinidad de Montserrat Gudiol Su primera gran obra fue compuesta en 1964 en una España convulsa que se preparaba para la transición, aunque no fuera consciente y aunque sus figuras nunca tuvieron un simbolismo, lo cierto es que el rostro hierático de la obra de Sant Benet (1980) que se asemeja a una máscara con la que se recubre la oscuridad del ser, bien podría ser una expresión extrema de su tiempo. Sant Jordi arde en este cuadro del que se desprende la voracidad del color sobre la figura humana. Gudiol era una amante del surrealismo al...

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Accionismo Vienés: el arte de lo macabro de Otto Muehl
Ene05

Accionismo Vienés: el arte de lo macabro de Otto Muehl

Hablar de accionismo vienés sin mencionar a Otto Muehl es como referirnos al cubismo sin que lo protagonice Picasso. El oriundo de Austria fue temido por muchos, odiado por otros y alabado por medio millar de individuos. Esas 500 personas fueron los artistas que conformaron el denominado accionismo vienés. Este movimiento que germinó en plena posguerra se nutría de las frustraciones de un pueblo roto. A día de hoy, esta corriente contracultural y artística ha sido olvidada por todos aquellos que no están vinculados al arte a pesar de que su impacto sobre el arte y sobre la sociedad fue tal que traspasó fronteras. Otto Muehl: una vida de nazismo y accionismo vienés Aunque pocos medios de comunicación lo comentan, Otto Muehl fue nazi antes que artista. O puede que el accionismo vienés no fuera más que nazismo mal entendido. ¿Quién sabe? El caso es que este vienés fue llamado a formar filas en 1943 y sirvió como teniente de las fuerzas alemanas en 1944. Por si quedaban dudas de su ideología previa, estudió enseñanza alemana después de que finalizara el conflicto bélico. La utopía de Muehl después del accionismo vienés; la comuna de Friedrichshof Otto Muehl era un tipo raro, de rasgos porcinos y mirada turbia. Tan turbia como la acusación que recayó sobre él durante los años de máximo apogeo del accionismo vienés. Resultaba que el angelito era un pederasta y por ello tuvo que cumplir una pena de siete años. No obstante, hay que reconocerle algo; el dadaísmo al lado de la comuna de Friedrichshof era un jardín de infancia. El tímido grito al amor libre de algunos como Bretón se convirtió en una algarabía en esta ocasión. Con el propósito de resucitar ese accionismo vienés que sobrevivió durante menos de una década, Muhler creó una búrbuja post-hippie que se manifestaba a favor de la ayuda mutua, la libertad sexual e individual, la democracia directa y la propiedad colectiva. Pero como suele suceder cuando se crea una sociedad (más aún cuando quién la crea es un ex-teniente de las fuerzas unificadas de la Alemania nazi), esta se volvió autoritaria y jerarquizada, alienante y sofocante. La década de Cindy Lauper fue también el declive del sueño del accionismo. Günter Brus, “el otro” accionista Si Otto Muehl fue el gran ideólogo en el accionismo vienés, Günter Brus fue el kamikaze de la unión entre Otto, Hermann Nitsch y Rudolf Schwarzkogler. Y es que ni Muehl transgredió tanto las normas durante dos décadas de accionismo y comuna como lo hizo Brus en apenas un par de años. Concretamente fue el año 1968 el que marcó el fin de la relación...

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El videoarte, el legado del dadaísmo y el arte pop
Dic23

El videoarte, el legado del dadaísmo y el arte pop

Coincidiendo con el Festival Internacional de Videoarte argentino (FIVA 2016), mostramos más acerca del universo del videoarte que tuvo su máxima representación en las décadas de los 60 y 70. Gracias a la corriente Fluxus pudimos descubrir más acerca de un estilo artístico marginal. Con representantes internacionales de la talla de Yoko Ono, el Fluxus fue solo una de las expresiones del videoarte, el legado del dadaísmo y el arte pop. Despreciado por unos, alabado por otros, convivió durante un tiempo con el accionismo vienés pero, a diferencia de este, los colectivos artísticos que se incluyen dentro del videoarte permanecen en la actualidad (derivados del Ant Farm o del Fluxus). Bienvenidos al universo del arte marginal del siglo XX. El origen: el videoarte en su época Hay pocas corrientes artísticas que no sean hijas de su tiempo. El videoarte no iba a ser una excepción. Tuvieron que llegar antes la Avant Garde y el dadaísmo, surrealismo en su máxima expresión. Hubo de dar los primeros coletazos el Pop Art y la Bauhaus debía trascender a todo Europa desde los países nórdicos para que el videoarte comenzara a hacerse un hueco en el imaginario colectivo. Alcanzó su máxima popularidad en la década de los sesenta cuando la tecnología doméstica comenzó a estar a disposición de la alta sociedad. De ella proceden muchos de los grandes videoartistas del movimiento Fluxus. De hecho, el uso de videocámaras y la democratización tecnológica llevaron a cabo “el milagro” en gran medida. En cierto modo, el videoarte fue posible gracias a la globalización. Paradójicamente, este movimiento trataba de evitar el tono comercial del Pop Art o del Bauhaus a pesar de que provenía directamente de dos factores que estaban fuertemente vinculados a lo que sus componentes criticaban: las clases dominantes y la comunicación de masas. El evento que definió lo que hoy conocemos como videoarte fue la creación del vídeo “Caos y Creación” de Salvador Dalí. Huelga decir que este artista icónico era de familia aristocrática. Como él, Wolf Vostella ha sido considerado como el padre del videoarte por su creación “Sun in your Head”(1963). Su relevancia radica en el uso de técnicas fotográficas, collages y video en uno. Es el representante máximo de la era Fluxus. Después de él aparecerían muchos más como sucede en el caso de Paul Wong, Juan Downey o Nan Hoover.  Lisa Steele o la mujer en el videoarte Hay algo muy característico en el colectivo Fluxus y es que se conocieron a numerosas artistas femeninas en este campo. El arte conceptual era descendiente directo del dadaísmo y, como tal, el papel femenino en cuanto a arte comenzaba a percibirse como actor y no...

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El pintor Guillaumet, el explorador que fotografió África
Nov23

El pintor Guillaumet, el explorador que fotografió África

Hay quién se enamora del mar y queda atrapado en él para siempre. Algo parecido le sucedió al pintor Guillaumet con el desierto. Inmortalizó el Sahara en sus lienzos como nadie.Este pintor academicista francés vivió a mediados del siglo XIX. Su legado es el de la pintura de las emociones. De no ser así, es posible que la visión de sus obras fuera un elemento puramente decorativo, al gusto de la corriente pictórica a la que se suscribe. Pero Guillaumet traspasó la barrera de lo políticamente hermoso para lograr que el espectador sintiera la soledad y el vacío absoluto del desierto. Este artista consigue crear un efecto sinestésico en el observador que le transporta a una nueva realidad, a un universo ajeno, el desierto, tan sensitivo como fascinante. Acompáñanos al Sahara. Guillaumet y su tiempo: la escuela academicista francesa del siglo XIX Gustave no era como sus compañeros. Y si. Realmente es difícil medir a un artista sin vincularlo a un contexto. El arte decimonónico de mitad de siglo padecía una resaca del Romanticismo precedente que había enraizado en la sociedad francesa. Gracias a artistas como Delacroix, la amada libertad francesa y los altos ideales republicanos se habían plasmado en lienzos que mostraban los valores morales de la sociedad gala del siglo de la Revolución Francesa. Los primeros orientalistas vivieron pocas décadas antes que Guillaumet. Al estilo de Benjamin Constant, trataban de proyectar la imagen idílica y el exotismo de una Arabia que apenas conocían. Guillaumet fue uno de los grandes abanderados del segundo orientalismo, mucho más implicado y sensitivo. La corriente a la que se suscribe no fue solo una ruptura con el occidentalismo teórico sino que se aventuró a viajar más allá de los límites europeos. Su patrimonio y el de contemporáneos suyos como Belly no es solo pictórico sino intelectual. El pensamiento idealizado que se tenía en Europa acerca de los rincones exóticos y lejanos se ha mantenido hasta la llegada de la era de la comunicación. Guillaumet fue el pintor informativo, el fotoperiodista del siglo XIX. Guillaumet  y sus viajes a Argelia A pesar de que fue un destacado pintor a nivel técnico, Guillaumet quedó inmortalizado por otro motivo; acercó el norte de África a la sociedad francesa decimonónica, sus atardeceres de fuego, los testimonios de sus gentes y la exuberante vacuidad de un terreno tan hostil como fascinante. ¿A quién no le seduciría ese silencio que se retuerce de dolor? Guillaumet fue un documentalista más que un pintor. Tuvo la capacidad técnica y la sensibilidad artística de transmitir el desarraigo y la soledad del desierto. Fue capaz de acariciar las entrañas de Argelia y de dirigirse...

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Psicopatología en los artistas del expresionismo abstracto
Nov17

Psicopatología en los artistas del expresionismo abstracto

“Así como Leonardo estudió la anatomía humana y trató de disecar los cuerpos, yo trato de disecar las almas” (Edvard Munch) El expresionismo marcó un antes y un después en el concepto del arte debido a su axioma inicial que partía de la base de que rechazaba la imitación de la realidad y detestaba las contradicciones de la vida moderna. Aunque no dejaba de ser una disciplina educada por sus hermanas mayores; surrealismo y dadaísmo, nunca hubo una corriente que expresara tan bien los sentimientos de una generación de post-guerra, devastada por la crisis existencial. Los gobiernos fallaron al pueblo tanto como la sociedad había fallado a estos artistas que se refugiaron en un universo plagado de dolor ininteligible, de una verdad sin lógica. Bienvenidos al mundo de la psicopatología, a la corriente expresionista. Los “Tastebreakers” o la psicopatología en los artistas del expresionismo abstracto Cuando James Johnson (director del Museo Guggenheim) acuñó el término de “Tastebreakers”, en los años 50, para definir a los nuevos artistas, los que rompían las encorsetadas estructuras artísticas estaba definiendo a un grupo de artistas que rompían con las reglas y que estaban, del mismo modo, rotos por dentro. El vacío existencial y el hedonismo actual no son sino la evolución natural de esa disonancia entre lo que se espera del individuo y lo que el individuo siente. Jackson Pollock, bipolaridad y expresionismo abstracto Antes de que apareciera Munch ya era famoso Jackson Pollock. Curiosamente, este gran artista, una de las insignias más preciadas del expresionismo, comenzó a pintar siguiendo el consejo de su psicoterapeuta Joseph L. Henderson al que había acudido para curar un incipiente problema de alcoholismo. Resulta sorprendente que uno de los artistas más vanguardistas de todos los tiempos estuviera atormentado (como suele suceder en todos los casos en los que el alcoholismo interviene en la vida de una persona). De hecho, las elucubraciones indican que Pollock padecía de trastorno bipolar. Jean Dubuffet, el ladrón de dementes Dubuffet puede que sea uno de los grandes artistas. Creador del término “Art Brut” (o arte en bruto) nunca estuvo muy loco. Todo lo contrario. Estaba lo suficientemente cuerdo como para fijarse en lo que dibujaban los dementes en los sanatorios. Como un lobo a la caza, recorría las calles de París cada noche para retratar el lado más sórdido de la capital francesa del siglo XX. De ahí nacerían series como “Barbas” o “Dames”, basados en personajes caricaturescos, deformes, criminales y deformes. Edvard Munch:”sin temor ni enfermedad, mi vida habría sido un barco sin timón” Que era alcohólico no era extraño en la Noruega de mediados de siglo. El azote de la post-guerra no...

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