La Crítica: Miguel Robledo Cimbrón
Nov18

La Crítica: Miguel Robledo Cimbrón

No resulta difícil imaginar a Miguel Robledo Cimbrón en su taller, deslizándose entre los acordes místicos de la música oriental y haciendo fluir formas y colores para generar sus celosías espirituales, obras con pie y medio en la abstracción que se resisten, no obstante, a abandonar la realidad visual a través de sutiles anclajes figurativos. A Miguel Robledo (1956, Mora de Rubielos, Teruel) le tocó ser un prematuro viajero que pasó primero a Ávila para establecerse en Cataluña todavía en su niñez. Los estudios académicos no eran lo suyo, pero sí el dibujo y la pintura que desarrolló desde mediados de los 70. Primero fue al óleo a través de motivos figurativos tradicionales, para descubrir después las posibilidades de la abstracción y el informalismo. Pequeñas puertas que se abren La pintura de Robledo emana de un apetito espiritual, de una necesidad de indagar en la sustancia primera. El arte es para muchos un proceso de higienización mental. El acto en sí de pintar, más allá de sus objetivos estéticos o prácticos, produce una catarsis moral que limpia y regenera. Como pasar la aspiradora por el alma y eliminar el polvo acumulado. Pero por mucho que limpies el polvo siempre vuelve, por eso la pintura y el arte en general es un proceso que no termina nunca… ¿Y el espectador, qué papel juega en todo esto? Su labor es mirar y tratar de sentir, de acercarse a la motivación del pintor, pero también de abandonarse a su propio espíritu. En este sentido, las obras de Robledo son poemas visuales que nos señalan un camino hacia nosotros mismos, hacia una experiencia sensorial y psicológica que busca reflejar la propia catarsis del artista en el espectador. Son, en última instancia, pequeñas puertas que se abren… Tal vez tras cruzar su umbral no encuentres nada, o lo comprendas todo. Depende de ti, depende de cada uno. Depende del día. El fluir del azar Miguel Robledo ha citado entre sus referencias a algunos de los grandes del informalismo del siglo XX como Antoni Tàpies, el malogrado Nicolas de Stäel  o Asger Jorn. Tal vez el pintor catalán sea la influencia que mejor se puede rastrear en su producción, pero en general la obra del artista nacido en Teruel ha logrado dotarse de personalidad a base de años de trabajo y de progreso tanto a nivel teórico como puramente pictórico. Robledo ha generado un estilo propio y es lo mejor que se puede decir de un artista. Su obra se divide en cuatro tipos según el soporte y el estilo: papel, óleo, abstracto sobre tabla y abstracto sobre lienzo. Sus dibujos informalistas son la mejor manera...

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La Crítica: Alberto Kissola
Nov08

La Crítica: Alberto Kissola

2016 está siendo un gran año para Alberto Kissola (Setúbal, Portugal, 1962). Una exposición individual en su ciudad natal titulada «La escultura en el deporte» ha sido el reconocimiento definitivo para este artista. Fueron 11 esculturas en diferentes materiales y estilos que formaban parte del calendario de eventos de Setúbal Ciudad Europea del Deporte 2016. Revisar las obras pertenecientes a esta exposición es una buena forma de adentrarse en el carácter artístico de Kissola que bebe de diferentes tendencias de la escultura contemporánea. En Ciclismo usa el hierro forjado, limitando al máximo la presencia material, con el objetivo de dar una mayor sensación de levedad y velocidad. La bicicleta y el ciclista se funden en una sola pieza, tal y como los vemos cuando cruzan a toda velocidad una carretera. En Lanzamiento de martillo, sin embargo, Kissola se inclina hacia una solución técnica diferente, más pesada y masiva, que transmite la potencia del lanzador. En Natación, el artista se vale del granito para generar una pieza más esbelta en la que domina la sensación de verticalidad del nadador a punto de lanzarse al agua, misma solución que aplica a 100 MT. El selfie de Dios Al tratarse de un encargo oficial, es más que probable que Alberto Kissola no pudiera dar rienda suelta a una de sus principales características: el sentido del humor. Por suerte para nosotros, Kissola no piensa moderarse en sus esculturas más personales. Selfie es una de sus obras más impactantes. Cuenta el artista que la idea para este grupo escultórico le surgió tras la ceremonia de los Oscar 2014, cuando la presentadora de aquella edición, Ellen DeGeneres, realizó un selfie con varios pesos pesados de la industria de Hollywood que se convirtió en el acto en una de las fotos más compartidas del año. ¿Qué pasaría si Jesucristo hubiese tenido móvil? Eso debió pensar Kissola y se puso manos a la obra. Indicada para ser observada desde varios puntos de vista (las caras de Jesucristo y los discípulos posando para la foto no tienen desperdicio), Selfie es una obra maestra de la ironía. Si Duchamp levantase la cabeza, le daría una palmadita en la espalda a Kissola… En esta misma línea está No Smartphone, en la que el artista portugués atiza de nuevo la relación del hombre del siglo XXI con las nuevas tecnologías. Como dice el propio Kissola: «a pesar de ser personas modernas mantenemos el instinto de cazador recolector de nuestros antepasados, pero en vez de una maza, utilizamos tecnología punta para cazar…». Y no podemos dejar de reseñar otra de sus mejores piezas: Kings Leak. Un juego de palabras con el célebre...

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La Crítica: Carlos Casu Bravo
Nov02

La Crítica: Carlos Casu Bravo

Carlos Casu ha recuperado el dibujo. Y nos alegramos. Tras muchos años sin practicarlo y después de (re)formarse en técnicas como el pastel o el óleo en el taller de José Luis Martín de Vidales, el artista madrileño nos regala su maestría con el lápiz captando espacios, escenas y habitantes. Estableciendo un nexo de unión con la fotografía, a la que también se dedica, sus dibujos nos sacan a la calle a observar caminantes como en Descenso u Hombre Paseando, pero también nos llevan de vuelta a la alcoba, a las sábanas arrugadas y al humo como en Restos II, Descanso o Estudio de cigarrillo con mujer. No cabe duda de que Casu disfruta observando la realidad y plasmándola con rigurosidad y destreza, pero también imprime un carácter poético a numerosos de sus dibujos ya desde el mismo título (Algunos ángeles no tienen alas) o, incluso,  les confiere un toque fantástico o tétricamente metafórico (Cortocircuito, La vendedora de sueños). La naturaleza muerta vive Carlos Casu (Boadilla del Monte, Madrid, 1955) se dedicó «a una vida normal haciendo cosas normales» durante varias décadas, hasta que en 2008 decidió, por un suerte de coincidencia y voluntad, recuperar el camino artístico que había esbozado en su juventud cuando fue estudiante en la Escuela Central de Artes Aplicadas. Era el momento de hacer cosas menos normales… Casu encontró en el pastel una técnica que podía dar salida a su necesidad de captar la atmósfera y la magia de los objetos cotidianos. El pastel de Casu combina la naturalidad del dibujo que, como hemos visto, tanto disfruta el pintor madrileño, con la luminosidad del color. Gracias a ello se consigue una atmósfera lírica que envuelve buena parte de la obra del artista en esta técnica. Aunque el pintor madrileño usa el pastel «con facturas saturadas y densas que se alejen lo más posible de los estereotipos blandos generalmente asimilados a este técnica», el resultado final suele estar empapado de poesía. Hasta un huevo puede ser poético… Y es que uno de los géneros que más disfruta Casu es la naturaleza muerta. El artista ha decidido reavivar un género «jodido a base de cuadros de restaurante con conejos» y va en buen camino para hacerlo. Solo hay que observar obras como Mejillones en escabeche, Naranja y media o Pretérito Perfecto II, son aptas para un restaurante pero también para un museo. Un pastel agridulce Otro género que Casu cultiva con éxito es el paisaje. También la técnica del pastel la aplica con autoridad en este tipo de obras. Y en ellas, más si cabe que en sus naturalezas muertas, apreciamos ese matiz lírico que emparenta alguno...

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La Crítica: Joan Lalucat
Oct21

La Crítica: Joan Lalucat

«I make images that intellect will never make». Joan Lalucat no se anda por las ramas, con esta frase de Francis Bacon inicia un libro en el que recopila su proyecto final del Grado Superior de Ilustración. La influencia del pintor británico es capital en la obra del joven artista catalán. La descomposición de los cuerpos, la sangre, el gusto por el retrato en espacios vacíos y abstractos, la provocación y la investigación del alma humana (o de la psicología, como le gusta decir al artista) son los elementos que trazan una conexión entre Lalucat y Bacon. Carne, huesos y sangre El título de su última colección tampoco deja lugar a dudas. Joan Lalucat (Barcelona, 1985) disecciona cuerpos para descifrar cerebros. En Pervers i insolent el pecho y la cara del retratado se descoyuntan, la carne se reblandece hasta formar casi un fluido rosa. La boca y los dientes se deforman mientras que el labio inferior parece crecer hasta el pecho. Solo los ojos permanecen inalterados, pequeños, animales. En L’aprobació del ser superior, el retratado aparece vestido, pero la cabeza es un muñón sin labios con las encías en carne viva. Y en Una visita inesperada el expresionismo adquiere tintes tétricos. Con esta serie de retratos, Lalucat busca un doble objetivo. En primer lugar trata de captar nuestra atención sensorial. Una obra de arte penetra primero a través de los sentidos, dejando a un lado el intelecto. Estos retratos turban, despiertan, azuzan. También podemos sonreír con ellos, pero es esa risa tensa que mira de reojo. En segundo lugar, el artista catalán trata de conectar con nuestro cerebro, proponiendo una investigación de la psicología del ser humano, de esas emociones incontenibles que (de)forman nuestro carácter. Somos furia, morbo, crueldad. Somos todo eso que vemos en los demás, pero no en nosotros mismos. De Velázquez a Bacon (y a Lalucat) no hay tanta distancia. El objetivo es el mismo: captar el alma humana en un lienzo. Solo cambian las técnicas… y los tiempos. Los retratos de Lalucat asustan, pero tampoco se puede decir que den ganas de tomar una copa con Inocencio X… Collages y técnica mixta Más interesantes, si cabe, se nos antojan las obras encuadradas bajo la serie «Collages y técnicas mixtas». Lalucat parte de imágenes tomadas de revistas y periódicas generando obras  que acuchillan al espectador. Sus títulos tampoco pasan desapercibidos: Autolesió, Violació, etc. A buen seguro que el pintor catalán anda sobrado de humor negro. Muchas de las fotos que toma son de modelos que aparecen en anuncios. La sonrisa ‘Profident’  del personaje protagonista de Autolesió choca con el acto que acaba de perpetrar, todo ello...

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La Crítica: Jose Miguel Alguer Romero
Oct07

La Crítica: Jose Miguel Alguer Romero

Leyendo las palabras de José Miguel Alguer sobre La mirada azul, entendemos el amor que tiene a esta obra. Y deducimos también que el artista disfruta con lo que hace, que a pesar de no vivir al 100% de su actividad artística, no tiene pensado traicionar su principal vocación. Porque la necesidad de expresión es lo que determina el arte. Si no existe esta necesidad, no es arte, es otra cosa. La mirada azul es la mirada de su hijo, pero también la suya propia, que recuerda otro tiempo. El iris refleja el olvido, mirada limpia que ya se enturbia con el dolor de la soledad, con «las despedidas desde las ventanas». Ejecutada con la técnica del collage que Alguer ha llevado a su terreno, es esa clase de obras que no podemos dejar de mirar, porque nos devuelve la mirada, adentro… Serie Figurativo La mirada azul pertenece a la serie Figurativo, tal vez la más interesante del artista nacido en Bremen (Alemania) en 1965 pero valenciano de adopción. Desde hace casi una década este pintor «tachado de fauvista en sus inicios» se ha reinventado gracias al uso del collage que usa de una forma particular: se prepara el soporte pegando el material que incluye trozos de periódicos, revistas, anuncios, fotografías, etc. Luego lo patina siendo esta la base sobre la que dibuja y pinta. Es decir, el collage actúa de fondo y no de complemento como en buena parte del collage tradicional. Así surgen obras tan sorprendentes como Figurativo VII – Playa de Interior en la que se trata de captar este esparcimiento tan particular que sucede en algunos pueblos españoles en torno a los ríos o a las fuentes. La serie Figurativo también es la más variada incluyendo paisajes o escenas costumbristas y también obras con un toque más surrealista como Figurativo XI – Aleix, i l’ombra del bosc que incluye tela vaquera en su collage o con un toque siniestramente Pop como Figurativo XIII – José se afeita a contrapelo llenando de color su vida.  A destacar también el atrevidísimo escorzo del enfoque fotográfico de Figurativo XII – Alex i la Marea Baixa. Serie Urbana Rústica Otra de las series más prometedoras de José Miguel Alguer es la que dedica al paisaje rural que destaca por ser una pintura tal vez menos emocional pero también interesante desde un punto de vista técnico. La pintura rápida, modalidad a la que el artista valenciano se ha aficionado desde hace tiempo, ha contribuido a enriquecer esta serie y también dicha técnica, haciéndola más expresiva y a menudo vehemente. Ejemplos interesantes de esta serie son Urbana Rústica XXIV – Depósito Aguas...

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La Crítica: Elena Bissinger
Sep30

La Crítica: Elena Bissinger

«Encuentra un motivo que te arrebate el alma y los sentidos, y explótalo sin rubor». Esta podría ser la base de cualquier actividad artística. ¿El riesgo? Caer en la reiteración. ¿El premio? Encontrar un estilo propio, único. El premio es, por tanto, demasiado grande para no asumir el riesgo. Elena Bissinger afrontó el riesgo y encontró su recompensa. Nacida en Beius (Rumania) en 1964, Bissinger mostró pronto su interés por la pintura a lo que sin duda influyó su padre, que fue pintor. Pero su carrera artística se ralentizó. No es fácil dedicar tu vida al arte cuando formas parte de una familia modesta y numerosa en la Rumanía de los años 70 y 80. La pintora rumana se casó, formó su propia familia y trabajó una década en una fábrica de muebles. En 1997 llega su primera exposición individual. Elena Bissinger se centra en su arte, en sus flores. Las flores del bien Muchos tienden a pensar en el arte como una actividad desinteresada, que parte de una necesidad espiritual, de un apetito expresivo. Sin duda, debe ser así. Si el artista no posee ese apetito, si no es poseído por un arrebato espiritual, su producción se verá afectada negativamente. Pero el artista también come, paga facturas, aunque a veces se nos olvide. Encontrar un motivo de expresión artística, un tema, no es solo una buena estrategia creativa, también lo es desde un punto de vista comercial. Si presentas una exposición con cuadros muy variados y con estilos pictóricos muy diferentes crearás confusión. Al contrario, si centras tu producción en un único motivo, tendrás más posibilidades de tener éxito. Elena Bissinger centra sus esfuerzos en las flores, ese motivo que arrebata su alma como lo ha hecho con tantos pintores en la historia. Sí, Van Gogh es el más famoso. Pero también podemos citar a Berthe Morisot o Georgia O’Keefe. ¿Por qué flores? Para empezar por el color: «en una composición, los colores tienen el propósito de transmitir calor, amor, sentimientos profundos y sensibilidad. El espectador los recibe a través de la pintura». Por supuesto, las flores también aportan diferentes valores metafóricos. Y el olor, nos recuerdan olores, y no hay nada como el olor para evocar situaciones y emociones pasadas. El uso de la espátula es otra de las señas de identidad de Bissinger que no quiere hablar de la palabra «obsesión» al menos, al estilo Van Gogh. La artista rumana «usa» las flores como motivo artístico. Y le va bien. Ha pintado más de 400 obras con la flor como el motivo principal y muchas han sido vendidas a colecciones privadas sobre todo en su país...

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