La Crítica: Carlos Casu Bravo
Nov02

La Crítica: Carlos Casu Bravo

Carlos Casu ha recuperado el dibujo. Y nos alegramos. Tras muchos años sin practicarlo y después de (re)formarse en técnicas como el pastel o el óleo en el taller de José Luis Martín de Vidales, el artista madrileño nos regala su maestría con el lápiz captando espacios, escenas y habitantes. Estableciendo un nexo de unión con la fotografía, a la que también se dedica, sus dibujos nos sacan a la calle a observar caminantes como en Descenso u Hombre Paseando, pero también nos llevan de vuelta a la alcoba, a las sábanas arrugadas y al humo como en Restos II, Descanso o Estudio de cigarrillo con mujer. No cabe duda de que Casu disfruta observando la realidad y plasmándola con rigurosidad y destreza, pero también imprime un carácter poético a numerosos de sus dibujos ya desde el mismo título (Algunos ángeles no tienen alas) o, incluso,  les confiere un toque fantástico o tétricamente metafórico (Cortocircuito, La vendedora de sueños). La naturaleza muerta vive Carlos Casu (Boadilla del Monte, Madrid, 1955) se dedicó «a una vida normal haciendo cosas normales» durante varias décadas, hasta que en 2008 decidió, por un suerte de coincidencia y voluntad, recuperar el camino artístico que había esbozado en su juventud cuando fue estudiante en la Escuela Central de Artes Aplicadas. Era el momento de hacer cosas menos normales… Casu encontró en el pastel una técnica que podía dar salida a su necesidad de captar la atmósfera y la magia de los objetos cotidianos. El pastel de Casu combina la naturalidad del dibujo que, como hemos visto, tanto disfruta el pintor madrileño, con la luminosidad del color. Gracias a ello se consigue una atmósfera lírica que envuelve buena parte de la obra del artista en esta técnica. Aunque el pintor madrileño usa el pastel «con facturas saturadas y densas que se alejen lo más posible de los estereotipos blandos generalmente asimilados a este técnica», el resultado final suele estar empapado de poesía. Hasta un huevo puede ser poético… Y es que uno de los géneros que más disfruta Casu es la naturaleza muerta. El artista ha decidido reavivar un género «jodido a base de cuadros de restaurante con conejos» y va en buen camino para hacerlo. Solo hay que observar obras como Mejillones en escabeche, Naranja y media o Pretérito Perfecto II, son aptas para un restaurante pero también para un museo. Un pastel agridulce Otro género que Casu cultiva con éxito es el paisaje. También la técnica del pastel la aplica con autoridad en este tipo de obras. Y en ellas, más si cabe que en sus naturalezas muertas, apreciamos ese matiz lírico que emparenta alguno...

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La Crítica: Joan Lalucat
Oct21

La Crítica: Joan Lalucat

«I make images that intellect will never make». Joan Lalucat no se anda por las ramas, con esta frase de Francis Bacon inicia un libro en el que recopila su proyecto final del Grado Superior de Ilustración. La influencia del pintor británico es capital en la obra del joven artista catalán. La descomposición de los cuerpos, la sangre, el gusto por el retrato en espacios vacíos y abstractos, la provocación y la investigación del alma humana (o de la psicología, como le gusta decir al artista) son los elementos que trazan una conexión entre Lalucat y Bacon. Carne, huesos y sangre El título de su última colección tampoco deja lugar a dudas. Joan Lalucat (Barcelona, 1985) disecciona cuerpos para descifrar cerebros. En Pervers i insolent el pecho y la cara del retratado se descoyuntan, la carne se reblandece hasta formar casi un fluido rosa. La boca y los dientes se deforman mientras que el labio inferior parece crecer hasta el pecho. Solo los ojos permanecen inalterados, pequeños, animales. En L’aprobació del ser superior, el retratado aparece vestido, pero la cabeza es un muñón sin labios con las encías en carne viva. Y en Una visita inesperada el expresionismo adquiere tintes tétricos. Con esta serie de retratos, Lalucat busca un doble objetivo. En primer lugar trata de captar nuestra atención sensorial. Una obra de arte penetra primero a través de los sentidos, dejando a un lado el intelecto. Estos retratos turban, despiertan, azuzan. También podemos sonreír con ellos, pero es esa risa tensa que mira de reojo. En segundo lugar, el artista catalán trata de conectar con nuestro cerebro, proponiendo una investigación de la psicología del ser humano, de esas emociones incontenibles que (de)forman nuestro carácter. Somos furia, morbo, crueldad. Somos todo eso que vemos en los demás, pero no en nosotros mismos. De Velázquez a Bacon (y a Lalucat) no hay tanta distancia. El objetivo es el mismo: captar el alma humana en un lienzo. Solo cambian las técnicas… y los tiempos. Los retratos de Lalucat asustan, pero tampoco se puede decir que den ganas de tomar una copa con Inocencio X… Collages y técnica mixta Más interesantes, si cabe, se nos antojan las obras encuadradas bajo la serie «Collages y técnicas mixtas». Lalucat parte de imágenes tomadas de revistas y periódicas generando obras  que acuchillan al espectador. Sus títulos tampoco pasan desapercibidos: Autolesió, Violació, etc. A buen seguro que el pintor catalán anda sobrado de humor negro. Muchas de las fotos que toma son de modelos que aparecen en anuncios. La sonrisa ‘Profident’  del personaje protagonista de Autolesió choca con el acto que acaba de perpetrar, todo ello...

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La Crítica: Jose Miguel Alguer Romero
Oct07

La Crítica: Jose Miguel Alguer Romero

Leyendo las palabras de José Miguel Alguer sobre La mirada azul, entendemos el amor que tiene a esta obra. Y deducimos también que el artista disfruta con lo que hace, que a pesar de no vivir al 100% de su actividad artística, no tiene pensado traicionar su principal vocación. Porque la necesidad de expresión es lo que determina el arte. Si no existe esta necesidad, no es arte, es otra cosa. La mirada azul es la mirada de su hijo, pero también la suya propia, que recuerda otro tiempo. El iris refleja el olvido, mirada limpia que ya se enturbia con el dolor de la soledad, con «las despedidas desde las ventanas». Ejecutada con la técnica del collage que Alguer ha llevado a su terreno, es esa clase de obras que no podemos dejar de mirar, porque nos devuelve la mirada, adentro… Serie Figurativo La mirada azul pertenece a la serie Figurativo, tal vez la más interesante del artista nacido en Bremen (Alemania) en 1965 pero valenciano de adopción. Desde hace casi una década este pintor «tachado de fauvista en sus inicios» se ha reinventado gracias al uso del collage que usa de una forma particular: se prepara el soporte pegando el material que incluye trozos de periódicos, revistas, anuncios, fotografías, etc. Luego lo patina siendo esta la base sobre la que dibuja y pinta. Es decir, el collage actúa de fondo y no de complemento como en buena parte del collage tradicional. Así surgen obras tan sorprendentes como Figurativo VII – Playa de Interior en la que se trata de captar este esparcimiento tan particular que sucede en algunos pueblos españoles en torno a los ríos o a las fuentes. La serie Figurativo también es la más variada incluyendo paisajes o escenas costumbristas y también obras con un toque más surrealista como Figurativo XI – Aleix, i l’ombra del bosc que incluye tela vaquera en su collage o con un toque siniestramente Pop como Figurativo XIII – José se afeita a contrapelo llenando de color su vida.  A destacar también el atrevidísimo escorzo del enfoque fotográfico de Figurativo XII – Alex i la Marea Baixa. Serie Urbana Rústica Otra de las series más prometedoras de José Miguel Alguer es la que dedica al paisaje rural que destaca por ser una pintura tal vez menos emocional pero también interesante desde un punto de vista técnico. La pintura rápida, modalidad a la que el artista valenciano se ha aficionado desde hace tiempo, ha contribuido a enriquecer esta serie y también dicha técnica, haciéndola más expresiva y a menudo vehemente. Ejemplos interesantes de esta serie son Urbana Rústica XXIV – Depósito Aguas...

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La Crítica: Elena Bissinger
Sep30

La Crítica: Elena Bissinger

«Encuentra un motivo que te arrebate el alma y los sentidos, y explótalo sin rubor». Esta podría ser la base de cualquier actividad artística. ¿El riesgo? Caer en la reiteración. ¿El premio? Encontrar un estilo propio, único. El premio es, por tanto, demasiado grande para no asumir el riesgo. Elena Bissinger afrontó el riesgo y encontró su recompensa. Nacida en Beius (Rumania) en 1964, Bissinger mostró pronto su interés por la pintura a lo que sin duda influyó su padre, que fue pintor. Pero su carrera artística se ralentizó. No es fácil dedicar tu vida al arte cuando formas parte de una familia modesta y numerosa en la Rumanía de los años 70 y 80. La pintora rumana se casó, formó su propia familia y trabajó una década en una fábrica de muebles. En 1997 llega su primera exposición individual. Elena Bissinger se centra en su arte, en sus flores. Las flores del bien Muchos tienden a pensar en el arte como una actividad desinteresada, que parte de una necesidad espiritual, de un apetito expresivo. Sin duda, debe ser así. Si el artista no posee ese apetito, si no es poseído por un arrebato espiritual, su producción se verá afectada negativamente. Pero el artista también come, paga facturas, aunque a veces se nos olvide. Encontrar un motivo de expresión artística, un tema, no es solo una buena estrategia creativa, también lo es desde un punto de vista comercial. Si presentas una exposición con cuadros muy variados y con estilos pictóricos muy diferentes crearás confusión. Al contrario, si centras tu producción en un único motivo, tendrás más posibilidades de tener éxito. Elena Bissinger centra sus esfuerzos en las flores, ese motivo que arrebata su alma como lo ha hecho con tantos pintores en la historia. Sí, Van Gogh es el más famoso. Pero también podemos citar a Berthe Morisot o Georgia O’Keefe. ¿Por qué flores? Para empezar por el color: «en una composición, los colores tienen el propósito de transmitir calor, amor, sentimientos profundos y sensibilidad. El espectador los recibe a través de la pintura». Por supuesto, las flores también aportan diferentes valores metafóricos. Y el olor, nos recuerdan olores, y no hay nada como el olor para evocar situaciones y emociones pasadas. El uso de la espátula es otra de las señas de identidad de Bissinger que no quiere hablar de la palabra «obsesión» al menos, al estilo Van Gogh. La artista rumana «usa» las flores como motivo artístico. Y le va bien. Ha pintado más de 400 obras con la flor como el motivo principal y muchas han sido vendidas a colecciones privadas sobre todo en su país...

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La Crítica: Joan Barceló Guillén
Sep26

La Crítica: Joan Barceló Guillén

¿Alguna vez habéis escuchado esa frase que dice «que todo está inventando» en tal o cual actividad? Se suele utilizar para justificar la falta de novedad en determinado campo. ¿Está todo inventando en la pintura? Desde luego, no. Quien usa esa frase se olvida que el ser humano es creativo por naturaleza y disfruta rompiendo las reglas. Pero para romperlas, primero hay que conocerlas… Joan Barceló Guillén se encuentra en una fase ascendente de su obra, barajando influencias hasta dar con la carta ganadora, con una apuesta que haga saltar la banca.  Y es que el camino que lleva a un artista hasta alzar su propia voz está plagado de ascendencias. En el caso del pintor balear, el impresionismo y las primeras vanguardias ejercen un poderoso influjo en su obra. ¿Cómo no pensar en Toulouse-Lautrec o Degas en cuadros como Cabaret I? El enfoque en contrapicado y la posición de la mujer generan una inestabilidad que transmiten a la perfección esa sensación de fragor de la fiesta en un local nocturno. En la serie de pinturas de temática cabaretera de Barceló se ensaya una variación cromática del mismo motivo. El pintor balear desata su vena expresionista y desvincula el color de la realidad física para explorar el espíritu, en este caso es el espíritu infectado de música, alcohol y baile desenfrenado. En Mujeres en una escena, el joven pintor nacido en Ciutadella vuelve a acudir el enfoque fotográfico desde un ángulo muy bajo para generar esa sensación de inestabilidad. Las mujeres de Joan Barceló El cuerpo femenino siempre ha sido un motivo principal de interés para los pintores. Barceló no es una excepción. El cuerpo femenino desnudo se convierte en el eje en torno al que giran las investigaciones compositivas de la pintura. Las mujeres de Barceló varían en su concepción desde el expresionismo de cuadros como Model, hasta el pleno erotismo de figuras como Cloe. En otros casos como en Mujer, se aprecia la extraordinaria habilidad de dibujante que tiene el pintor balear en un cuadro que opta por un estilo más recatado pero igualmente expresivo y seductor. No cabe duda de que Barceló usa el desnudo femenino con dos objetivos diferentes: explorar diferentes estrategias compositivas y ensayar varios estilos pictóricos. Y es que la obra de Barceló tiene un componente que la diferencia de otros artistas: la variedad estilística. Como aquel Picasso que devoraba estilos (propios, pero sobre todo ajenos) para llevarlos a un nuevo nivel, Barceló asume el riesgo de no concretar una única vía de expresión. ¿Está tanteando o es una decisión deliberada? Sea como sea, mientras muestre cuadros tan atractivos como Mujeres bebiendo horchata,...

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La Crítica: José Gabriel Acuña
Sep19

La Crítica: José Gabriel Acuña

El amarillo, el azul y el rojo, no solo en la bandera, sino en el ambiente que rodea y refleja el cuerpo desnudo de un hombre abatido llorando sobre una urna. Son Los hijos de la violencia, uno de los lienzos preferidos de su autor, José Gabriel Acuña, y que representa a la perfección una de las tendencias más enérgicas de su pintura: la guerra y sus consecuencias en Colombia. ¿La guerra ha terminado? Estas últimas semanas han sido claves en la historia de Colombia. Fueron la culminación de un proceso de paz que duraba más de cuatro años y que no parecía encontrar un final satisfactorio para ambas partes, la guerrilla de las FARC y el estado colombiano. Rodrigo Londoño, alias Timochenko, jefe de la guerrilla, confirmó el éxito final de las negociaciones con una frase que pasará a la historia del país americano: «se acabó la guerra, convivamos como hermanos y hermanas». Colombia es un país muy especial, sus ciudadanos sienten la patria con un ardor único, que puede resultar extraño en otras latitudes menos nacionalistas. Este septiembre también será recordado por la victoria de Nairo Quintana en la Vuelta a España que llenó las calles de Madrid de banderas colombianas. A buen seguro que José Gabriel Acuña recordará siempre este verano de 2016, en el que el dolor de tantos años parece empezar a restañar. Han sido varias décadas de conflicto, más de 200.000 muertos y 6 millones de víctimas de crímenes de guerra. Una barbaridad que ha llorado Acuña en buena parte de su obra. Su colección denominada «Entre amor y dolor» refulge entre el resto de su producción por la carga emotiva que posee. Obras como Colombia de rodillas, Tristeza, Renacer, Salvando a la patria, Colombia ciega o Soñando la paz comparten estilo pictórico, vigor visual y organización compositiva. José Gabriel Acuña coloca a una figura (dos como máximo) en primer plano, siempre desnudos, a veces cubiertos parcialmente por la bandera del país. Sus tres colores dominan siempre la composición, también en los reflejos de los cuerpos. Cuerpos en los que el pintor sudamericano muestra un interés por captar la sensualidad tanto del hombre como de la mujer. No nos extraña que Acuña haya citado a Miguel Ángel como uno de sus referentes y es que pocos artistas en la historia han sabido plasmar con tanto talento la energía anímica interna del cuerpo masculino. Pero el pintor colombiano, al contrario que el florentino, también se descubre ante la sensualidad femenina que protagoniza buena parte de su obra. El trasfondo de esta colección no es otro que el conflicto entre el amor y el odio,...

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