El Museo Colecciones ICO (Madrid, España) acoge la exposición La Suite Vollard de Picasso, una de las pocas series completas que hay en el mundo de esta obra cumbre del grabado del siglo XX. Gonzalo Doval, responsable del Área de Arte del Museo, nos comenta los detalles de la muestra.
Los años 30 del siglo XX suponen el periodo de plena madurez de Picasso. ¿Qué aspectos estilísticos resaltaría de este periodo creativo?
"Picasso cumple 50 años el 25 de octubre de 1931. En esta década alcanza, por lo tanto, su plena madurez física, pero también la artística. Se trata de un periodo muy fecundo y agitado para él, en el que toda una serie de hechos, tanto políticos como personales, le afectarán profundamente e influirán en su obra. Ésta no se desarrolla en torno a un único estilo, sino que irá saltando desde el cubismo curvilíneo, que continúa desarrollando al inicio de la década, al surrealismo, pasando por un clasicismo retomado en estos años, por ejemplo en la Suite Vollard, que le valió no pocos ataques por parte de la crítica.
La Suite Vollard actúa como hilo conductor de toda la década, como una especie de diario íntimo en el que Picasso refleja tanto sus inquietudes personales como el desarrollo de su obra artística. Los años 30 son la continuación del periodo de agitación amorosa que comenzó en 1927, cuando Picasso conoció a su amante Marie-Thérèse Walter. Su matrimonio con Olga Koklova se irá resintiendo cada vez más, hasta el divorcio en 1935, poco antes del nacimiento de Maya, la hija que Picasso tiene con Marie-Thérèse. Picasso representará este conflicto entre el deseo por su amante y su responsabilidad moral para con su mujer legítima mediante el Minotauro, tema que alcanzará su desarrollo pleno entre 1933 y 1938, sobre todo en los quince grabados que le dedica en la Suite Vollard. Cuatro estampas del Minotauro ciego, de 1934, le servirán para simbolizar el ocaso de su relación con Marie-Thérèse."
Toda esta agitación culminará en 1939, como apocalíptico epílogo, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial."
¿Hasta qué punto sus obsesiones personales marcaron el desarrollo de su obra?
"La obra de Picasso, como es lógico, está inseparablemente unida a sus experiencias vitales. Sus obsesiones personales, sus vivencias, como indicaba anteriormente, influyen profundamente en el desarrollo de su trabajo. Lo destacable en el caso de Picasso, sin embargo, es la intensidad y variedad de medios con que es capaz de plasmarlas, ya sea en escultura, pintura o grabado. Su amor por Marie-Thérèse, por ejemplo, nos es transmitido de forma serena y sosegada, como en los grabados de El estudio del escultor, o de modo pasional y agitado, casi violento, en El Minotauro, pese a que trabajó ambos grupos de grabados de forma casi simultánea, con tan sólo una año de separación entre ellos."
Si tuviera que destacar alguno de los bloques de grabados de la exposición, ¿cuál escogería y por qué?
"Es muy difícil escoger un bloque dentro de la Suite Vollard, porque todos ellos son excepcionales. Puede que sea más sencillo elegir algún grabado suelto, y siempre atendiendo a criterios meramente subjetivos y personales, como la preferencia particular por un tema o una técnica concretos. Me encantan los dos pequeños grupos de La batalla del amor y Rembrandt, en los que siempre me ha parecido que Picasso se volcó con especial energía, en un caso, y cariño, en el otro. Pero, puestos a elegir, me decanto por El Minotauro, por la pasión con la que Picasso transmite en él la evolución de sus sentimientos por Marie-Thérèse y, en especial, por las cuatro planchas de El Minotauro ciego –sobre todo el aguatinta titulado Minotauro ciego guiado por una niña en la noche–, en las que ya se adivina el final de su relación con ella."
Picasso admiraba a Rembrandt. ¿Cómo describiría la influencia del grabador holandés en sus obras?
"Durante toda su vida, Picasso mantuvo una relación muy intensa con el arte del pasado. En la atracción que sentía por un determinado artista siempre estaba presente el doble elemento de identificación y rivalidad: en una ocasión afirmó que cuando pintaba tenía la sensación de que detrás, mirándole por encima del hombro, estaban todos los grandes pintores del pasado y del presente. El maestro holandés hizo su primera aparición en la obra de Picasso entre 1933 y 1936, sobre todo en la serie de grabados de la Suite Vollard, donde Picasso usa, entre otros rasgos estilísticos de Rembrandt, el trazo limpio y los espacios abiertos que contrastan con otras zonas en las que construye unas formas en volumen mediante un denso rayado cruzado.
Picasso tenía una memoria visual extraordinaria y llegó a almacenar en su cabeza todas las estampas de Rembrandt. Después de los años 30, el holandés le servirá de inspiración intermitente hasta mediados de los años 60, pero en los seis últimos años de su vida (1967-1972) su obra se convirtió en el centro de una profunda investigación."
¿Qué características tiene la Suite Vollard que la convierte en una de las obras maestras del género del grabado?
"La Suite Vollard es una de las cumbres del grabado del siglo XX, en primer lugar, por su amplitud: compuesta por un centenar de obras, nos permite recorrer una de las décadas más decisivas en la vida de Picasso, que plasmó en ella, como hemos visto, tanto sus propias vivencias como, directa o indirectamente, las tendencias artísticas más importantes del momento, que él mismo practicó.
Pero también es, en la misma medida, una especie de catálogo de las técnicas del grabado, al menos de aquellas en talla dulce –en el grabado en talla dulce es el surco trazado por el artista en la plancha metálica el que se imprime sobre el papel y no la superficie, como ocurre, por el contrario, en la litografía o en la xilografía–, que Picasso utilizó con maestría en todos los casos."
¿Qué reflexión espera que el público se lleve a casa tras visitar la exposición?
"Siempre que programamos una exposición en el MUICO, y la Suite Vollard no es una excepción, buscamos que nuestros visitantes disfruten del arte. Más que provocar una reflexión concreta, querríamos despertar el interés y la curiosidad de nuestro público para que su visita, en lugar de ser una experiencia aislada, suponga un primer paso –o, en cualquier caso, un paso más pero no el último– en una mayor profundización en el arte contemporáneo, a través de la lectura de textos, la visita a otros museos y exposiciones, etcétera. Éste es, de hecho, uno de los principales fines fundacionales de la Fundación ICO, institución a cargo de la gestión del MUICO: difundir el arte contemporáneo y, muy en especial, el realizado por creadores españoles."