Érase una vez…
Desde los tiempos de Durero, pintor mater de la técnica xilográfica, la ilustración ha estado muy asociada al nombre de grandes artistas famosos, en algunos casos vinculada a sus comienzos, retomada ésta, en otras, una vez alcanzada la fama. La primera idea viaja hacia el archiconocido Gustave Doré, ilustrador por excelencia de los últimos tres siglos (El cuervo, Orlando furioso, Las Aventuras del Barón Münchausen…), sin embargo, en época moderna, un buen número de pintores dedicados y reconocidos como artistas plásticos han contado su propia versión de los grandes clásicos a través de un medio considerado menor: el grabado (véase “impresión fotomecánica” en el s.XXI).
En España, Goya nos dejará algunos de sus mejores trabajos en estampas y, ya con las vanguardias históricas, habrá de eclosionar la litografía en los talleres de los maestros del s.XX. Artistas como Picasso, Chagall, Braque, Nolde, Grosz, Rouault o Henry Moore van a encontrar un medio para experimentar, para elaborar un nuevo formalismo, pero con la aplicación práctica de una difusión relativamente masiva (con una consideración, ahora sí, de arte mayor gracias a la limitación y firma seriada).
La historia más grande jamás contada
La representación de las grandes narraciones ha supuesto desde siempre un desafío para los artistas por lo que de mitos icónicos conllevan una vez superada por el tiempo su cualidad de simples historias. Hay que contar, además, que ciertos libros poseen un peso literario tal que pueden convertirse en enemigos de la creatividad del autor, en vez de incentivos, pero aquí radica precisamente uno de los mayores acicates de la creación artística: las limitaciones. Y, por lo general, suele ser un binomio en el que ambos ganan, el arte al nutrirse del rico imaginario presente en estas historias y la literatura al aumentar su valor con el acompañamiento de una narración paralela visual que la enriquece (en ocasiones con la visión que otorgan unos cuantos siglos de diferencia). Tan sólo hace falta volver la mirada a las ilustraciones que grandes artistas han realizado para el más famoso de los libros, La Biblia, para darse cuenta de ello: las 200 imágenes para la llamada “Biblia del oso” de Eduardo Arroyo en el s.XXI, los aguafuertes realizados por Chagall para la biblia encargada por Ambroise Vollard en 1930 o el trabajo que Doré realizará en 1866 para su famosa Biblia Ilustrada. Pero no es el único libro mítico que ha recibido la atención de famosos pintores: La Divina Comedia (Botticelli, Dalí, Miquel Barceló), El Quijote (Dalí, Picasso, Antonio Saura, Mingote, William Hogarth), Fausto o Robinson Crusoe engrosan las listas de múltiples obras (un buen número poéticas) ilustradas con mucho arte.
Algunos grandes pintores ilustradores:
FOTO 1. Autorretrato de Botticelli
FOTO 2. Autorretrato de William Hogarth
FOTO 3. Retrato de Francisco de Goya
FOTO 4. Antonio Saura