En general el Maestro Revelo es un poeta de la pintura, y su obra es estética futurista con telas apasionadas, con derroche de color e imitación plástica y estética que raya, ya con el impresionismo , ya con el cubismo o el surrealismo . A veces se apega al pasado, a veces quiere olvidar la historia y entrar en las inquietudes de la ciencia ficción y la tecnología. Sin embargo, pronto parece reconcentrarse en una línea bastante particular: el bodegón. Donde obedeciendo al clima de Bogotá, el color del artista se torna cálido, la textura se hace más evidente, más táctil bajo la fusión del puntillismo e impresionismo. A través del bodegón Alberto Revelo logra un mejor y más profundo conocimiento de la luz y de sus efectos sobre las formas. Su pintura deja una rica experiencia respecto al armado cromático, la composición y la iluminación. Entre las ventajas de experimentar con bodegones está, primero, el estímulo ante la elección de los objetos –tan íntimos como simbólicos que parecen levitar entre fondos amarillos, ocres y la atmósfera de quietud y armonía; segundo, la creatividad frente a la posibilidad de la composición, la minucia del dibujo y sus distintos puntos de vista; y tercero, la experiencia sobre la iluminación natural que llega de frente y la luz artificial, metafísica, creada para dotar de un sentido simbólico al cuadro. ¿Qué sentidos cargan esas vasijas?, ¿esas frutas? Formas que evocan lo contenedores ventrales, la matriz telúrica; no se sabe si están vacía ...
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