Breve Historia del Coleccionismo X – Las grandes colecciones americanas
Ene17

Breve Historia del Coleccionismo X – Las grandes colecciones americanas

La mayoría de grandes colecciones tanto privadas como públicas formadas en los Estados Unidos no tienen más de 150 años, pero esa “corta” trayectoria no les impide ser de una calidad excepcional con piezas de inconmensurable valor que pueblan grandes museos como el Metropolitan Museum y el MoMA de Nueva York, la National Gallery de Washington, así como otros de menor tamaño como el Isabella Stewart Gardner Museum de Boston. Una vez finalizada la Guerra de Secesión (1861 – 1865), empezaron a surgir las primeras grandes fortunas nacidas de la industrialización del país. Estos empresarios, banqueros e industriales habían ganado su fortuna, generalmente, a base de esfuerzo y duros años de trabajo, y en algunos casos llegaron a crear verdaderos imperios que sobreviven aún hoy en día. Lo que les diferenciaba de la élite europea era su origen, más “humilde” y menos aristocrático. Dedicaron mucho tiempo, dinero y esfuerzo a estudiar la cultura y las tradiciones de sus antepasados europeos, así como imitar el comportamiento de sus coetáneos al otro lado del Atlántico. Otro aspecto que les acabó diferenciando aún más fue que la élite americana contaba con fortunas sin parangón y no tenían reparo en gastar ese dinero, especialmente cuando se trataba de arte. John Pierpont Morgan, Henry Frick, Andrew Mellon, William Randolph Hearst y Peggy Guggenheim fueron algunos de los “nuevos ricos” de la época. Estos coleccionistas viajaban a Londres y París (en algunos casos varias veces al año), centros europeos del mercado del arte, donde se relacionaban con marchantes, artistas y otros coleccionistas, y adquirían grandes piezas e incluso colecciones enteras. Sin lugar a dudas, lo que acabó por diferenciar estos coleccionistas de sus coetáneos europeos fue el enfoque patriótico y social que otorgaron a sus colecciones. Sentían que esas obras que habían ido adquiriendo debían, de una manera u otra, entregarse a la sociedad que había acogido su fortuna económica. Por ese motivo, la gran mayoría cedió sus colecciones a las instituciones públicas de los Estados Unidos que acabaron conformando algunos de los museos más interesantes que visitar. De esta manera, un país sin apenas historia artística acabó realizando en menos de un siglo (aprox. 1850 – 1950) una adquisición de patrimonio sin precedentes. Con esta publicación finaliza la serie acerca de la Historia del Coleccionismo y empieza una nueva serie que tratará alguna de las colecciones privadas más interesantes que se han formado a lo largo de la historia del arte, con especial atención a las creadas durante el pasado siglo. Algunos de los coleccionistas a tratar serán grandes magnates de la industrialización de Estados Unidos como Henry Frick, Potter Palmer y John P. Morgan,...

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La Crítica: José María Ordeig Corsini
Ene09

La Crítica: José María Ordeig Corsini

Cuando en 1874 se realizó la primera exposición impresionista, nadie imaginó la trascendencia de lo que aquellos pioneros estaban fraguando. Monet, Pissarro, Sisley y compañía habían dado forma a un estilo que 150 años más tarde sigue siendo el preferido del gran público. El impresionismo ha calado tanto entre el público por su mezcla de colorismo, sensualidad, hedonismo y culto al instante, al «aquí y ahora». En la serie de las estaciones de José María Ordeig cristaliza la luz, el color y lo fugaz que fascinó a aquellos primeros impresionistas. A través de pequeños campos de color, sutiles transparencias y degradados, el artista atrapa la calidad lumínica. Como en Otoño I, en el que la luz se filtra mágicamente a través de las copas de los árboles; una fiesta de color que linda ya con la abstracción. Por supuesto, la pintura de José María Ordeig (Valencia, 1948) hunde sus raíces en el impresionismo, pero el pintor levantino muestra un mayor interés por las primeras evoluciones de aquella técnica pictórica. En sus paisajes, detectamos el influjo del Cézanne obsesionado con el monte Sainte-Victorie. El Pico San Donato está construido con esos pequeños campos geométricos de color cezaniano que más tarde conducirían al cubismo. Pero Ordeig suaviza el color, sintiéndose más cómodo con las mezclas de colores más vivos y alegres, tal vez fruto de su herencia mediterránea. Sierra de Leyre es otro festivo espectáculo de color, como Midi d’Ossau, en el que las tonalidades frías ganan ya la partida en las estribaciones del monte que también dominan la obra Del Tallón al Casco. Paisajes urbanos Las relaciones cromáticas son una de las principales preocupaciones de Ordeig. Todas sus colecciones pivotan en torno a las armonías de color, generalmente cálidas, como ya hemos apuntado. El pintor levantino ha tenido presente los hallazgos del divisionismo, de aquellos seguidores de los primeros impresionistas que se pusieron estupendos y decidieron que la pincelada debía ser «más científica» para lograr un mayor efecto de luz. Los colores no se mezclarían en lienzo, sino en el ojo del espectador… En la preciosa obra titulada Castillo de Olite, Ordeig genera estás divisiones de color tan apreciables en las copas de los árboles de la zona inferior del lienzo. Así, el castillo parece flotar sobre algodones de colores generando un efecto delicioso. El propio castillo también está construido con esos cuadritos de color que ya habíamos visto en sus paisajes naturales o en la serie de las estaciones, unos toques geométricos  que generan de forma certera una fantástica combinación de luces y sombras. Figuras No cabe duda de que la elección técnica de Ordeig ha sido clave para...

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Montserrat Gudiol, la primera pintora académica catalana
Ene09

Montserrat Gudiol, la primera pintora académica catalana

“A veces el cuadro está exigiendo algo. Parece irreal o absurdo, pero es así, el cuadro te pide, te ves forzado por él, manda más la obra que tú misma”. -Montserrat Gudiol. Como todos los niños, la pequeña Montse admiró a su padre desde siempre y, en ocasiones, le observaba mientras trabajaba. Esto no hubiera tenido mayor relevancia de no ser porque su padre era arquitecto y crítico de arte. Y, aunque el mérito es completa y absolutamente de Montserrat Gudiol (1933) por su obra, la historia del arte se hubiera perdido una estrella en el firmamento de no haber sido por este pequeño detalle. Corría la década de 1940 cuando esta catalana de Sant Adrià de Besòs (Barcelona) comenzó a pintar y, por aquel entonces, que una mujer se dedicara a la pintura profesionalmente era un acto de rebeldía. Pero, como se suele decir, “She did it“. Esta es la apasionante vida y obra de la que posiblemente sea una de las cinco pintoras más relevantes en la península en el siglo XX. Montserrat Gudiol, pintora académica catalana y pionera Montserrat aprendió a pintar como aprenden aquellas personas en las que no cree nadie; por su cuenta. Se formó de manera autodidacta durante años (después sería adoptada como pupila en el taller de Ramón Rogent) y a la edad de 17 años tuvo su oportunidad cuando expuso en el Casino de Ripoll. Su gran oportunidad llegaría en una exposición colectiva en Estados Unidos en 1964. Su obra destacó entre grandes artistas de su tiempo como era el caso de Tàpies. No fue hasta 1970 que crearía su gran obra Sant Jordi que a día de hoy es una de las grandes pinturas del arte catalán contemporáneo. Por si fuera poco, Montserrat Gudiol se granjeó el beneplácito de la burguesía catalana hasta tal punto que, en la década de los setenta, fue la más popular de entre todos los artistas para colecciones particulares. Su fama se extendió hasta su muerte el pasado 25 de Diciembre de 2015. Sant Benet, Sant Jordi y Maternidad Azul, la Trinidad de Montserrat Gudiol Su primera gran obra fue compuesta en 1964 en una España convulsa que se preparaba para la transición, aunque no fuera consciente y aunque sus figuras nunca tuvieron un simbolismo, lo cierto es que el rostro hierático de la obra de Sant Benet (1980) que se asemeja a una máscara con la que se recubre la oscuridad del ser, bien podría ser una expresión extrema de su tiempo. Sant Jordi arde en este cuadro del que se desprende la voracidad del color sobre la figura humana. Gudiol era una amante del surrealismo al...

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Accionismo Vienés: el arte de lo macabro de Otto Muehl
Ene05

Accionismo Vienés: el arte de lo macabro de Otto Muehl

Hablar de accionismo vienés sin mencionar a Otto Muehl es como referirnos al cubismo sin que lo protagonice Picasso. El oriundo de Austria fue temido por muchos, odiado por otros y alabado por medio millar de individuos. Esas 500 personas fueron los artistas que conformaron el denominado accionismo vienés. Este movimiento que germinó en plena posguerra se nutría de las frustraciones de un pueblo roto. A día de hoy, esta corriente contracultural y artística ha sido olvidada por todos aquellos que no están vinculados al arte a pesar de que su impacto sobre el arte y sobre la sociedad fue tal que traspasó fronteras. Otto Muehl: una vida de nazismo y accionismo vienés Aunque pocos medios de comunicación lo comentan, Otto Muehl fue nazi antes que artista. O puede que el accionismo vienés no fuera más que nazismo mal entendido. ¿Quién sabe? El caso es que este vienés fue llamado a formar filas en 1943 y sirvió como teniente de las fuerzas alemanas en 1944. Por si quedaban dudas de su ideología previa, estudió enseñanza alemana después de que finalizara el conflicto bélico. La utopía de Muehl después del accionismo vienés; la comuna de Friedrichshof Otto Muehl era un tipo raro, de rasgos porcinos y mirada turbia. Tan turbia como la acusación que recayó sobre él durante los años de máximo apogeo del accionismo vienés. Resultaba que el angelito era un pederasta y por ello tuvo que cumplir una pena de siete años. No obstante, hay que reconocerle algo; el dadaísmo al lado de la comuna de Friedrichshof era un jardín de infancia. El tímido grito al amor libre de algunos como Bretón se convirtió en una algarabía en esta ocasión. Con el propósito de resucitar ese accionismo vienés que sobrevivió durante menos de una década, Muhler creó una búrbuja post-hippie que se manifestaba a favor de la ayuda mutua, la libertad sexual e individual, la democracia directa y la propiedad colectiva. Pero como suele suceder cuando se crea una sociedad (más aún cuando quién la crea es un ex-teniente de las fuerzas unificadas de la Alemania nazi), esta se volvió autoritaria y jerarquizada, alienante y sofocante. La década de Cindy Lauper fue también el declive del sueño del accionismo. Günter Brus, “el otro” accionista Si Otto Muehl fue el gran ideólogo en el accionismo vienés, Günter Brus fue el kamikaze de la unión entre Otto, Hermann Nitsch y Rudolf Schwarzkogler. Y es que ni Muehl transgredió tanto las normas durante dos décadas de accionismo y comuna como lo hizo Brus en apenas un par de años. Concretamente fue el año 1968 el que marcó el fin de la relación...

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El videoarte, el legado del dadaísmo y el arte pop
Dic23

El videoarte, el legado del dadaísmo y el arte pop

Coincidiendo con el Festival Internacional de Videoarte argentino (FIVA 2016), mostramos más acerca del universo del videoarte que tuvo su máxima representación en las décadas de los 60 y 70. Gracias a la corriente Fluxus pudimos descubrir más acerca de un estilo artístico marginal. Con representantes internacionales de la talla de Yoko Ono, el Fluxus fue solo una de las expresiones del videoarte, el legado del dadaísmo y el arte pop. Despreciado por unos, alabado por otros, convivió durante un tiempo con el accionismo vienés pero, a diferencia de este, los colectivos artísticos que se incluyen dentro del videoarte permanecen en la actualidad (derivados del Ant Farm o del Fluxus). Bienvenidos al universo del arte marginal del siglo XX. El origen: el videoarte en su época Hay pocas corrientes artísticas que no sean hijas de su tiempo. El videoarte no iba a ser una excepción. Tuvieron que llegar antes la Avant Garde y el dadaísmo, surrealismo en su máxima expresión. Hubo de dar los primeros coletazos el Pop Art y la Bauhaus debía trascender a todo Europa desde los países nórdicos para que el videoarte comenzara a hacerse un hueco en el imaginario colectivo. Alcanzó su máxima popularidad en la década de los sesenta cuando la tecnología doméstica comenzó a estar a disposición de la alta sociedad. De ella proceden muchos de los grandes videoartistas del movimiento Fluxus. De hecho, el uso de videocámaras y la democratización tecnológica llevaron a cabo “el milagro” en gran medida. En cierto modo, el videoarte fue posible gracias a la globalización. Paradójicamente, este movimiento trataba de evitar el tono comercial del Pop Art o del Bauhaus a pesar de que provenía directamente de dos factores que estaban fuertemente vinculados a lo que sus componentes criticaban: las clases dominantes y la comunicación de masas. El evento que definió lo que hoy conocemos como videoarte fue la creación del vídeo “Caos y Creación” de Salvador Dalí. Huelga decir que este artista icónico era de familia aristocrática. Como él, Wolf Vostella ha sido considerado como el padre del videoarte por su creación “Sun in your Head”(1963). Su relevancia radica en el uso de técnicas fotográficas, collages y video en uno. Es el representante máximo de la era Fluxus. Después de él aparecerían muchos más como sucede en el caso de Paul Wong, Juan Downey o Nan Hoover.  Lisa Steele o la mujer en el videoarte Hay algo muy característico en el colectivo Fluxus y es que se conocieron a numerosas artistas femeninas en este campo. El arte conceptual era descendiente directo del dadaísmo y, como tal, el papel femenino en cuanto a arte comenzaba a percibirse como actor y no...

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La Crítica: Víctor Manuel Delgado
Dic22

La Crítica: Víctor Manuel Delgado

Una pieza de más de 1 metro y medio de altura, ligeramente combada y rugosa, con círculos girando alrededor de toda ella. Parece un tronco, sin copa ni hojas, que surge de un pedestal de piedra pulida y cortada a la perfección. Es Reforma de ley, obra del escultor Víctor Manuel Delgado (Burgos, 1970), y que podemos colocar en el umbral virtual de la puerta a través de la cual damos paso a su rica producción escultórica. Exterior La escultura siempre ha tratado de desprenderse de su etiqueta de hermana acomplejada de la pintura. Generalmente, el proceso creativo en escultura es más costoso, más largo y no siempre más satisfactorio. Un error se paga mucho más caro que un lienzo. Durante la mayor parte de la historia del arte, el espectador solo tuvo ojos para la pintura hasta el punto de que la escultura siempre parecía fijarse en ella para lograr la aquiescencia del gran público. A la escultura le costó dejar atrás su condición manual y hacerse respetar como actividad intelectual, los pintores alcanzaron el estatus de filósofos mientras los escultores seguían siendo considerados artesanos (con algunas excepciones, claro). El siglo XX, por suerte, despedazó el clasicismo y sus convencionalismos y obligó al espectador a mirar la escultura con otros ojos. El culto al material escultórico, las relaciones entre espacio y tiempo, entre vacío y masa, la integración con el paisaje y la naturaleza y el desarrollo de la abstracción fueron los puntos clave de la revolución escultórica del pasado siglo cuyos efectos todavía se perciben en la actualidad. En esta revolución escultórica se funda el trabajo de Víctor Manuel Delgado. Observando algunas de sus obras para exterior, como Brote de Almendro, no creemos ya que ningún espectador ponga el grito en el cielo. La abstracción está plenamente aceptada. La referencia a lo figurativo en esta obra es evidente pero el valor de la misma no está, por supuesto, en la mimesis, sino en las calidades táctiles y en las sensaciones que despierta la combinación de materiales, el acero corten, el acero inoxidable y la piedra natural. En otros casos, Delgado usa exclusivamente el acero corten como en Raíces, donde apreciamos la influencia de Chillida, referencia fundamental en la obra del escultor burgalés. Efectivamente, Delgado enfoca muchas de sus obras, sobre todo las de exterior, con ese carácter totémico del artista vasco. Mientras en Trazo, Delgado apuesta por el minimalismo, por el equívoco entre la gravedad del material elegido y su forma esbelta, casi titilante, en La Unidad aporta una mayor dosis de originalidad con un interesante sentido simbólico, pieza, por cierto, ejecutada junto a Marta Vallejo. Interior...

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